jueves 14 de mayo de 2009

OFICIANDO EL RITO DE ENREDAR LAS HORAS

Óleo sobre lienzo de Iván Fernández-Dávila


EVANGELIO DE EXORCISMOS

Vienes con el carisma, el verbo, el signo,
y el gesto amable de amputar las sombras.
Impenitente emerges de otro abismo,
desde un lugar sin nombre en mis historias.

Te esperaba en el pórtico de gritos
en donde desordeno mis demoras
cifrando un evangelio de exorcismos
en mi ritual secreto de ser sola.

Vienes como quien no, como quien pasa
y al azar se detiene, y al acaso
se ve y se reconoce en mis espejos.

Desde hace siglos tramo una enramada
para enredar tus horas en mis manos
y enmarañar tu voz en mis silencios.


ENREDANDO LAS HORAS

Una exageración de buganvilias desordena la tarde
y el sol gotea esquirlas por las frondas
que cubren la sequía de mis párpados.

Desterrada de mí, de mis rituales,
de la costumbre ociosa de enredar las horas,
miro al entorno y busco telarañas
en donde enmarañar esta clausura.

Desterrada de ti, de tus ensalmos,
engendro versos que arden como ortigas;
rasgo palabras en retazos ínfimos
tan sólo por el gusto del remiendo
en la errática tela de las sombras
tumbadas de mi vientre.

Incruenta y mineral,
adorno con equívocos el gesto
de atravesar umbrales con los ojos vendados
esperando encontrarte en otro abismo.


RITOS

Miro un paisaje
tan mío desde siempre que hasta duele,
en donde habitan todas mis historias.

Mientras enredo horas esperando
que la vida remate sus dibujos,
mi río corta al sesgo las colinas
buscando latitudes donde hallarte
al sur de mi balcón y de mis ojos.

Aquí inauguro el rito de quererte,
iluminando esquinas donde mora tu ausencia
y se hace verbo el son de la distancia.

Si por ti soy acacia de extendidos ramos
mis brazos destinados a dar sombra
maduran vocación de enredadera
por oficiar el culto de abrazarte
como yedra paciente y obstinada.

viernes 6 de febrero de 2009

CONTRAPUNTOS Y OTRAS POLIFONÍAS




















Foto de Elena Sergeeva
Лена Сергеева



CONMIGO LLEVO ABISMOS

Si has de seguirme, sabe que mi suerte
es la del hombre apenas bosquejado
al sur de las campanas, que han callado
la propia soledad, la propia muerte.
José M. Foix

Te seguiré. Conmigo llevo abismos,
mis muertos con porqués en la mirada,
mis noches con su luna de hojalata
y pálidas estrellas de aluminio.

Llevaré el arcón de mis exilios
donde guardo desórdenes del alma;
los diablos que custodian mis murallas;
los ángeles que habitan mis baldíos.

Buscaré los murmullos de tus versos
en el bies de los puntos cardinales
para seguir el rumbo de las voces

que moran en la faz de tus espejos.
Ahí estará mi corazón de ave
aleteando al viento de tu nombre.


EL SECRETO DE LAS HORAS

Quiero encontrar el ave que me nombra
y aspiro a confesarme en los secretos
"de esta vieja costumbre de estar triste".
J.M.Foix

En estas horas mías -que parecen ajenas-,
cuando busco mi rostro en la faz del momento,
tu nombre se repite al ritmo de mi aliento
y recurre el trayecto de la sangre en mis venas.

Te nombro y casi no, es un murmullo apenas,
y casi no, no más que un exiguo fragmento
que navega los mares, llevado por el viento,
hasta alcanzar tu orilla, al ras de tus arenas.

Digo tu nombre usando las claves del sigilo
en los modos que sé de enseñar a la nada
el lugar donde el eco resuena en doble filo.

Te nombro desde un páramo con carencia de auroras
como quien dice un rezo, el pecho en la callada,
como quien dice al tiempo el nombre de las horas.


SÁBANAS DE LUNA

Quiso el signo del agua de la fuente
edificarse en círculos de avena
y en acasos de luz la luna llena
vino como si no, y transparente.
José M. Foix

De repente la luna
así como una ráfaga de luz
entró por mi ventana, hizo una cruz
en la planicie de mi piel moruna.

Un verde de aceituna
en tus ojos brilló. En contraluz
tu boca era el azar de un andaluz
buscando en mis caderas la fortuna.

Navegabas las sábanas luneras
a la proa de un barco en desavío
sin rumbo ni fronteras.

Yo era agua y sal de marear
en la estela carnal de tu navío.
Y me dejaba amar.


MANDALA

para que no se pierdan los tremores
con que la aurora llega a los insomnios
y establece los círculos del agua.
José M. Foix

De un solo a otro solo dices nadie,
más allá del clamor y el improperio,
pronuncias soledad con voz de viento
como las hojas hablan con las aves.

De pie, a la contraluz de tus umbrales,
estás nombrando con tu nombre el tiempo
y arrebatas la esencia de los versos
al polvo y a la cal y a los alambres.

De pronto mi silencio es habitado
por un hombre en el bies de sus memorias
que sabe de la lluvia y de las horas

y viene con la audacia de su mano
a trazar en mi piel una mandala
con los secretos círculo del agua.


AL SUR DE LAS CAMPANAS

Alguien dibuja a trazos, cada noche,
el temblor que sostiene a las auroras
José M. Foix


Alguien se desdibuja
en las esquinas donde el viento fiero
azota el Norte en el caudal de Enero
y a la lluvia con látigos empuja.

Con sus mañas de bruja
la noche traza el rumbo de un sendero
ilumina sus signos con esmero
y en un mantón de estrellas lo arrebuja.

Alguien extiende un verso y se demora
en el lento rondel de las estrellas
buscando las mañanas

donde alcanzar al filo de la aurora
un poema de pie sobre tus huellas,
al sur de las campanas.


COMO UN DOMINGO

Vengo como el que no, como los buques
que no encontraron puerto ni metáfora
José Foix

Y sin embargo vienes, sé que vienes,
en alas de un ciclón a barlovento,
tu nave de palomas y de versos
alcanzará el abrigo de mis muelles.

Ya en la plaza, en los patios, en las fuentes,
los gorriones en bandos alzan vuelo
y en los balcones altos se oye el viento
repitiendo tu nombre a los claveles.

Te anuncian los redobles de campanas
y en todos los suburbios de mi aldea
se sabe que vendrás como un domingo.

Se sabe que vendrás porque, embrujada,
la luna de atalaya en las almenas
inaugura el presagio de tus signos.



















Foto de Elena Sergeeva
Лена Сергеева

ENTRETEJIENDO LUCES

Y si acaso algún lunes de diciembre
te olvidaras de ser quien más me quiso...
Carlos Raúl Lemiña Cortés



Discurría diciembre con sus palios
por no mojar la gravedad del frío
mientras la lluvia
acuchillaba al viento en las esquinas.

Lisboa de oro y plata semejaba
un castillo asediado por crepúsculos
con sus torres de niebla,
sus almenas de agua,
y sus siete horizontes escondidos
en la bruma espectral de sus colinas.

Por no saber más formas de quererte
me atareaba entretejiendo luces
para adornar las alas de los pájaros
que emigraban en busca de tu pecho.


AL SUR DE LOS ESPEJOS

No somos más que Sur y un evangelio
sin Dios ni eternidad para querernos.
Carlos Raúl Lemiña Cortés


Somos tan solo ampollas de palabras
que intentan emerger desde el abismo
y rescatar un argumento al alma
para explicar la causa de estar vivos.

Una esperanza artera nos amarra
el uno al otro, ambos convencidos
de que el que encuentre del portón la aldaba
a los dos abrirá hado y camino.

Y por eso albergamos nuestras penas
en algún patio al sur de los espejos
y cruzamos umbrales de la mano

sin más empeño que el hacer de cuenta
que duele menos si nos duele en versos,
sin más consuelo que el querernos tanto.



















Foto de Lena Sergeeva
Лена Сергеева

NOVIEMBRE

...en los curiosos laberintos que hablan
de los diciembres muertos
Rafaela Pinto

Vino Noviembre en forma de revólver
asesinando el tiempo del rescate.
Me encojía encubierta, en los armarios,
por esquivar los tiros,
como una diana
que huye de su blanco, escurridiza.

Lloraba a veces, con la cara oculta,
como lloran los fuertes: escondidos,
con los ojos resecos como soles
y en la boca una mueca
en todo semejante a una sonrisa.

Y diciembre pasó por mis umbrales
dejando huérfanos
a los ancianos hijos de mi historia.

Y nunca, nunca más, fue igual la vida.


SENDEROS VERDES

con un silencio verde entre los dedos
mientras se rompe el hueso de los años
que han sucedido a medias con nosotros
Rafaela Pinto

Filtraba el sol el verde de la parra
salpicando amarillo en la rayuela
y la mirada quieta de mi padre
diseñaba mis rumbos.
Por eso el pan olía a porvenir.

Desaforados verdes en el césped,
en la confusa tez de la enramada,
verdosa celosía, y si la abriera,
qué verde era mi prado.

Con un polvo asesino de memorias
el tiempo tapizó los horizontes
detrás de mis pisadas.

Eran tardes de pan y de rayuelas,
y de verdes senderos diseñados
en la mirada quieta de mi padre.

Se me hace cuento que no vuelve más.


ESQUINAS

Diré que cuando doblo mis esquinas
retrasa la memoria en mi semblante
Freya Hödar Nistal


Me entero que detrás de mis esquinas
se esconden los pedazos
ya olvidados de mí,
y a veces me sorprendo
en la cruz de dos calles
al verme al otro lado de la acera
sin poder rescatarme a mis pretéritos.

Por eso te diré: cuando la muerte
cercene la osadía de mis pasos
y deje sin mis huellas tu arrabal,
acércate a la fronda de la acacia
y escucha susurrar en su ramaje
el eco de mi voz
que un día te nombró entre silencios.


HERALDOS

Cuando en la llovizna se escapan
todos los sueños
Freya Hödar Nistal

En la llovizna se adivinan sombras
que con manos mojadas
me señalan el rumbo de los bosques
donde murmullan duendes
con sus inquietas voces de madera.

Sé que desde el umbral de las desdichas
eres tú quien me habla.

Sin embargo me sabe a rebeldía ese gusto de sándalo en la boca.
Suena a pasos de cojo ese rumor de mis alas de ángel subversivo.
Tengo unas ganas locas de ensuciar tu almohada
con los claveles rojos macerados que un día destiné a mi sepulcro.

De modo que no vengan los heraldos a anunciarte con líricos pregones.

Por si acaso mañana me arrepiento de mis irreprimibles arrebatos
dejo en la puerta de tu casa un beso
y un poema canalla.



















Foto de Elena Sergeeva
Лена Сергеева


ACASO YO TE ENCUENTRE

te encontraré al doblar cualquier esquina
y buscaré las notas musicales
para colgarte un verso al corazón.
Antonio Jiménez Luna (02.10.2007)

Acaso yo te encuentre en algún muelle:
siempre tuviste vocación de puerto
y no hago más que huir de los naufragios.
Te reconoceré por el lamento
del bemol sostenido de tu voz
y el llanto de guitarra en tu soneto.

Me reconocerás porque transporto
un buque naufragado en el recuerdo,
mis manos son atadas con sargazos,
tengo en la piel aromas marineros,
una brújula loca en la garganta
y en los ojos la rosa de los vientos
donde habré de atracar sin pesadillas
cuando mi historia ya no tenga enredo.


ASONANCIAS

y eres helechos en los tiempos
o notas en las veredas
Leo Zambrano

Intento en esta noche concebir
un poema que flote.

En vano busco
algo impalpable o por lo menos líquido,
que aletee o se escurra entre los dedos.

Soy tan hecha de piernas y de brazos,
tantas pestañas, tanta idea fija,
y, además, los espejos asonantan
con aroma de flor de limonero.

¿Cómo construir con la palabra etérea
-aunque usualmente insana-
un verso que no incluya
tus dedos, mis cabellos, nuestros besos?

Soy helechos en los tiempos.

martes 1 de julio de 2008

Densos naufragios y otros extravíos


















Foto de Toni Frissell


ESPERANDO EL AMOR AUNQUE NO EXISTA

Me voy hacia el paisaje de las yermas
Llanuras en el mapa de mi pecho,
donde hay un patio con aroma a espliegos
y silencios se yerguen como almenas.

Allí moran mis ángeles de niebla,
los diablos que discurren mis desiertos
y oculta en el envés de los espejos
una niña que habla con las fieras.

Estaré revestida de invisible,
sin forma o gravedad, como una nube,
utópica, cual eje de una abscisa,

entrenzando hipotéticas urdimbres
con este odio fiel y esta costumbre
de esperar el amor aunque no exista.





















UN PUÑADO DE ARCILLA

A veces te despiertas y es como si murieses de espanto y de extrañeza
al vislumbrar el día, discernir sus escollos,
evaluar cuántos pasos te alejan de la noche.

Árido suelo espera la impronta de tu mano
y no hay más que un puñado de arcilla para erguir
la colosal muralla que encierra tus silencios.

Tan sola que tu sombra no cruzará contigo el gres de los umbrales,
tan muda que las voces no encontrarán el rumbo que lleva hacia tus tímpanos,
construirás, obstinada, las cercas de tu patio.

Y nada llegará incólume al crepúsculo.

Vendrá la luna clara a alumbrar los despojos
mientras de tu mirada los pájaros emigran.

Mañana volverás, sin otros argumentos
más que tu mano obrera y un puñado de arcilla,
a construir los muros que encierran tus silencios.


NO PASA NADA

La luz chispea sobre el muro blanco donde se desperezan los rosales.
El aire es poco más que una intuición que resbala en la piel y huele a pinos.
La mañana está en paz. No pasa nada.

Y sin embargo, tú, tan desvalida, tan pálida, tan sucia de tormentas,
como si un vendaval hubiese, fiero, demolido la almena de tu patio.
Hongos húmedos cuelgan de tu pelo;
en tus manos se enredan hojas tristes;
humo en los ojos, musgo entre los dientes,
y pecho adentro aúlla una jauría
husmeando los puntos cardinales por oler las cosechas incendiadas.
Tienes carbón debajo de las uñas, tal fue tu saña al escarbar la noche.
Traes manchas de liquen en la espalda por haberte acostado en tantas tumbas.

Cálmate, tú. No hay más que olor a pinos,
alborada serena, brisa suave, gorriones despertando en los ramajes.

No hay huracanes destrozando bosques.
No hay incendio en la mies de tus exilios.
La mañana está en paz consigo misma.
Cálmate tú, Marién. No pasa nada.




















AL SUR DE LOS ESPEJOS

No somos más que Sur y un evangelio
sin Dios ni eternidad para querernos.
Carlos Raúl Lemiña Cortés


Somos tan solo ampollas de palabras
que intentan emerger desde el abismo
y rescatar un argumento al alma
para explicar la causa de estar vivos.

Una esperanza artera nos amarra
el uno al otro, ambos convencidos
de que el que encuentre del portón la aldaba
a los dos abrirá hado y camino.

Y por eso albergamos nuestras penas
en algún patio al sur de los espejos
y cruzamos umbrales de la mano

sin más empeño que el hacer de cuenta
que duele menos si nos duele en versos,
sin más consuelo que el querernos tanto.


VIRTUANDO ESTIGMAS

Hay algo de siniestro en esta noche,
una amenaza densa, un ultimátum.

Mi pecho es un suburbio
lleno de calles torvas
y esquinas donde el viento esgrime espadas.

Pegada a las paredes busco umbrales
por clausurar vocablos.
Los fonemas del odio
me decepan los dedos,
latiguean mi piel las bofetadas.

De pronto se hace urgente que amanezca.
La boca necesita voz de alondra.

Mis ojos horadados
tienen miedo a perderse
en la ruta de vuelta hacia mi casa.





















ESTE NOVIEMBRE

Este noviembre arrastra en su memoria
ese amor sin después y sin sentido
que se suicida sin haber vivido
y no tiene futuro ni prehistoria.

Como el destino dócil de la noria
cumpliendo inapelable cometido
fue girando el amor hacia el olvido
sin rastro de amargura ni de gloria.

Podría ser amor capaz de hoguera,
de encender los luceros e, inclusive,
de hacer reverdecer la primavera.

Sin embargo, se amustia sin desvelo,
ni acaba de morir ni sobrevive
y noviembre le arrastra por el suelo.


RITUAL DE OLVIDO

Ritual de olvido oficio, reverente,
en la solemnidad del pensamiento,
sin chispa de piedad, sin sentimiento,
te sacrifico, audaz y consecuente.

Te mato día a día, lentamente,
en un ceremonial sagrado, incruento,
amortajando en sábanas de viento
tu recuerdo nostálgico y doliente.

De la mano del tiempo oculto, umbrío,
inexorable y fiel gira la noria
de un proceso letal sin extravío:

la puñalada a secas, golpe frío,
la palada de tierra en la memoria,
y te mueres. Te mueres. Y me río.




















HEME AQUÍ DESPOJADA

Heme aquí despojada.
Vengo de la espesura de la selva,
enredada en las lianas del espanto;
traigo esperanzas rotas
por sucesivas fieras
y en el bies de mis labios
pretéritas manzanas
ya sin veneno.

Aquí me tienes sierva. Aquí te sabes dueño.
Hallarás en mi piel centímetros que aún
son vírgenes de estigmas,
pedazos donde quepa todavía
la marca de tus dientes,
espacios a medida de las úlceras
que rasgarán tus garras
en mi afecto desnudo.




















LLUVIA

Esta tarde la lluvia se suicida,
se tira a la vidriera en repetidos golpes.
Hay sonido de gotas gimiendo en los cristales
y un murmullo de duelo que te nombra y te nombra.
El fin del día estrecha mi alma y mi ventana.

Callada como un muerto, triste como un invierno,
miro las sombras sucias del polvo de memorias
que se acomodan tristes en esas viejas sillas
como si regresaran de una tierra lejana
para quedarse de por siempre.

Sin los acostumbrados arreboles
las sombras residiendo en mi crepúsculo
se instalan entre el piso y el cielo raso
mientras la lluvia se suicida en los cristales,
martillando tu nombre, despiadada.




















AMOR DE PUÑOS CERRADOS

Mira, amor, como mis manos
maceran las rosas vivas.
El aire suda veneno
de flores estranguladas.
Espinas de rabia y pena
abren llagas en mi piel.

La sangre tiñe el verano
de memorias carmesíes
en mis manos enlutadas:
último Agosto del año
de todas las inocencias
y el primero del después.

En los rosales del júbilo
yo era hecha de flores,
entre sus hojas y espinas
me embriagaba en las esperas.
Yo te amaba. Era verano.
(Lo demás era infortunio).

Mira mis manos rasgadas.
Entre mis dedos se escurre
sangre de rosas y heridas.
Verano de flor y furia.
Memoria de savia y sangre.
Amor de puños cerrados.

Ilustraciones: óleos sobre lienzo de Amedeo Modigliani
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Mujer en el espejo













Foto de Beatriz Morán

SUR

Tengo un arcón lleno de Sur en el desván
y un mensaje cifrado para abrir la tapa.

Se debe decir tajo sin mencionar la anchura de la herida,
se debe decir tren sin referir andenes,
y otros vocablos, como pan y madre,
palabras con la fuerza de la proa de un barco
rompiendo olas en el mar abierto.
Hay que decir exilio.

Tengo restos de Sur, como migajas,
en el plato de peltre de la infancia.

Hay demasiado verde en la memoria,
afectos de rodillas en las torvas cavernas de los años,
verdades como puños que mutilan cada proposición del silogismo
en que se ampara mi armazón de carne.

Alboroza un escándalo de trópicos la sospechosa paz de mis suburbios
y por eso los perros del olvido rastrean las orillas
husmeando en los trillos mar adentro
la sangre en mis pisadas
siempre que parto con mi exilio a cuestas.


HASTA LA RISA DUELE

Una tristeza con rostro de niebla
inaugura intemperies en mis horas,
se me late en las venas, subterránea,
bombeando la sístole del tiempo
para empujar el curso de los días.

No sé cuándo llegó, ni cómo, ni de dónde,
si alguien la trajo de la mano hasta mis bordes,
la arrastraron los años uncidos a sus yugos,
o vino por sus pies, artera y codiciosa,
arrebatada por la hiel de mis estigmas.

Lo cierto es que preside la faz de los relojes
y agarrota la soga en torno de mi cuello
con sus ojos de abismo,
con sus manos de alambre.

Bajo su mando hasta la risa duele.


SUMO Y SIGO

Puedo soportar todo. Nada es insoportable:
lo que me dilacera, lo que me hace pedazos,
el tajo de la daga, la cal de los abrazos,
el beso envenenado, el golpe insoslayable.

Soy hecha de coraje con casco reciclable.
La carne abierta en trizas, destrozada a zarpazos,
me recojo del suelo y apaño mis retazos,
esos trozos de mí. Y nada es insalvable.

Es todo lo que tengo: la garra que rebrota,
que me hace restaurar las ruinas del flagelo
y continuar entera y estar en paz conmigo.

La clave es el silencio que al espanto agarrota.
No me concedo el grito. No me permito el duelo.
Puedo soportar todo. Resisto. Y sumo y sigo.


HORIZONTES

Espérame en el muelle de un puerto milenario
pues traigo en el regazo dos siglos de sofismas
que recorrí a tientas, remando un ideario
con palas de aforismas.

Cargada de horizontes se volvió mi fortuna
y algún designio injusto trastocó mis empeños
sin embargo estaré, a la hora oportuna,
donde nacen los sueños.






















HELECHOS EN LOS TIEMPOS

y eres helechos en los tiempos
o notas en las veredas
Leo Zambrano


Intento en esta noche concebir
un poema que flote.

En vano busco
algo impalpable o por lo menos líquido,
que aletee o se escurra entre los dedos.

Soy tan hecha de piernas y de brazos,
tantas pestañas, tanta idea fija,
y, además, los espejos asonantan
con aroma de flor de limonero.

¿Cómo construir con la palabra etérea
-aunque usualmente insana-
un verso que no incluya
tus dedos, mis cabellos, nuestros cuerpos?

Soy helechos en los tiempos.


EL PESO IMPONDERABLE DE AQUELLO QUE UNO CALLA

Es así un tumor, un hijo, un nudo,
en la matriz secreta de la mente
y no explota, no nace, no desata.

Es así una piedra en el camino
en la cual tropezamos cada día
y no aprendemos nunca sus aristas.

Es así un pedazo de lo obscuro,
un retazo de tela mal rasgada
que no botamos porque es nuestra piel.

Dicen que en el principio era el Verbo.
Yo no lo sé. Tal vez fuese en el fin.


DIGAMOS

Digamos que me harté de ir por la acera
a tientas, tropezando en las aristas
de cada piedra infame, cada vera
de todas las ingentes autopistas,
que llevan de la carne a la quimera.
Desisto aquí y ahora de imprevistas
excursiones del ego a donde fuere.
Me siento en el columpio en un baldío
por ver cómo se muere
quien se muere de hastío.

Digamos que se llama indiferencia
el alba que no nace si te nombro,
esa súbita idea de tu ausencia,
mezcla de lucidez, y paz, y asombro.
Acaso se asemeja a la inocencia
ese jazmín brotando en el escombro.
No sé qué nombre darle o que apellido.
Ni importa ya. Tal vez se llame olvido.














ÁNGELUS

Son las seis de la tarde.
Una mudez de lápida
se tumba con fragor sobre mis versos
mientras a flor de piel, lumbre y almizcle,
se inauguran pecados
anticipadamente redimidos.

Del claustro de mi boca
huyeron los fonemas que me pertenecían:
quedé sin los rosarios
que acostumbraba asir para rezarme.

Abrazada a mis ecos primordiales
quiero decir la música
del primer llanto de un recién nacido,
el trueno que alucine
el habla de los pájaros,
y un gemido de amante
que sature la voz enorme del silencio.

A las seis de la tarde
en el umbral de todas las mordazas
sólo resuena un Ángelus cantado por demonios.

ME HACE FALTA UN DEMONIO

Me hace falta un demonio
a quien echar las culpas
por las paredes sucias de pretextos.

Al menos un demonio
que se acomode en mi desván mental
por expulsar del verso la metáfora,
dar un tono travieso a la ternura
y un son de sacrilegio a las pasiones.

Un demonio servil
para pintar de rojo los exangües labios
de las múltiples caras que suele presentarnos la verdad;
y que barra del suelo las esquirlas
en que piso descalza
mientras discurro el caos de las horas.





















PECHO ADENTRO

A veces amanezco y en mí todo es mortaja.
Me asomo al ventanal de los relojes,
de bruces sobre el tiempo,
la lucha cotidiana comiéndose mis bordes,
la sangre clausurada, sin resollar esquirlas.

Por mis venas navegan piratas penitentes.

Con las manos mojadas de pensarme
imito la quietud de los espantapájaros,
y en memoria de un voto de existencia
contrabandeo sístoles en viajes pecho adentro.





















EXPULSO LA METÁFORA

Expulso la metáfora y sus ritos
y llamaré las cosas por sus nombres;
proscritos la poética y los mitos,
hablaré el lenguaje de los hombres.

Lo que corre en mis venas no es un río:
se dice sangre. El cuerpo a nada imita.
La mente no es naufragio ni navío.
Músculo el corazón, bate y palpita.

No hay la mano del hado en la cumplida
secuencia de accidentes de la suerte:
a esto que me duele llamo vida.
Algún día su nombre será muerte.

Sólo una alegoría aún consagro:
yo digo, del amor, que es un milagro.




















ESTE DOMINGO

Este domingo sabe a muerte antigua.
La tarde se ha perdido en un atajo,
en la oquedad una memoria ambigua
vacila en ademanes de espantajo.

La voz del viento suena a perro herido
y duele como zarpas en la escara,
me apuñala en el pecho algún gemido
¡si al menos ese viento se callara!

Este domingo huele a brujería.
En mi desván mental mora un demonio
con síndrome servil de idolatría,
que se alimenta de oración y amonio.

Voy de puntillas recorriendo azares
masticando pedazos de venganza,
mientras tanto esta sed que pide mares
se ahoga en unos tragos de esperanza.


AL PIE DEL CALENDARIO

Miro hacia atrás y veo ese largo trayecto
que he recorrido a tientas y pienso que no es justo
que haya sido tan larga la suma de mis pasos
y tan espeso el polvo de las encrucijadas.

De mi mochila rota gotearon las horas
y se volvió ligera mi carga de utopías,
perdidas las certezas, extraviados los credos,
giro el rostro y contemplo mis inútiles huellas.

Me observan los que cruzan conmigo en esta ruta,
sorprendidos del mísero cariz de mis andrajos;
en mis cabellos traigo serpientes enlazadas
y garras de alimaña rematando los dedos.

Nadie busca mis ojos donde los miedos moran
ni se acerca a mi hombro que no ofrece refugio;
saben que no me resta sino el leño que arrastro
y el puñal escondido en el bies de mis senos.

Se cierra aquí el camino por donde acaba el viaje.
Me siento en esta piedra al pie del calendario,
el alma a ras del suelo, aguardando la cita
que he convenido un día, con un viejo demonio.




















DIGO ME DUELE

Digo me duele del dolor y digo
que persigo los sueños que persigo
con el verbo, la voz y la balada
al filo de la espada.

Y sueño a veces, renegando el sueño,
que es leño de nogal y como leño
tanto sirve de cruz como desgarra
un alma de guitarra.

En paz me quiero y que descanse en paz
la faz callada lejos de tu faz.
En solemne liturgia reverencio
el grito del silencio.






















ANDÉN

Hay que medir los suspiros.
Hay que prever los lamentos.
Al fin y al cabo la vida
es un andén de andariegos
donde aguardamos milagros
que llegan fuera de tiempo.

Mientras espera el horario
del amor con sus misterios
una lustra los carriles
con retazos de argumentos
por dar brillo a la esperanza
que viaja en vagón abierto.

Pero el tren de los milagros
puede cambiar de trayecto
y cuando menos espera
una se encuentra tejiendo
raíles de telaraña
y el andén sigue desierto.





















ESTOY AQUÍ

Estoy aquí. La mano destrabada,
los ojos desvestidos de pudores,
en la garganta voz de ruiseñores
y en el ojal del pecho una enramada.

Mis brazos tienen forma de ensenada,
los puertos en mi piel acogedores
de la nao crucial de los amores
y naufragados pecios en la riada.

Estoy aquí con todo lo que importe,
las venas disponibles para el corte
de los cuchillos que el amor agita.

Traigo la boca en modo de respuesta,
en la mirada una canción de gesta.
Estoy. Como quien muere y resucita.




















YO ME CONTENTO CON POCO

Yo me contento con poco:
que la noche sea densa
que sea densa la noche
con aroma a madreselva;
que antes de la mañana
por poco que sea llueva
que llueva aunque sea poco
para que la luna beba
el agua que resplandece
en los huecos de la acera
y la acera con sus huecos
se vuelva un palco de estrellas;
que el día despierte fresco
vistiendo una ropa nueva
la nueva ropa vestida
por la mañana que llega;
que un viento de remolino
en tu camisa se meta
y metida en tu camisa
sea yo la que te besa.
yo me contento con poco:
que el día deje una estela
y que en la estela del día
la noche, obediente, vuelva.


BALADA PARA NACER DE NUEVO

Nacerás otra vez esta mañana,
como ayer, como siempre.

Quizás estés cansada de nacer
tantas veces, con tanta persistencia.

Por eso se te inundan las aceras
cuando en todos los vasos
el vino de la sangre se desborda.

Hay muchos quehaceres por hacer
en la tarea de nacer de nuevo:
esparcir el incienso y libertar
los emigrantes pájaros del alma,
romper la niebla, navegar espejos,
escalar muros, derrumbar paredes,
pisar firme en el suelo y, con coraje,
mirar tus propias huellas.

No olvides de dejar la lámpara encendida
para que no tropieces
en el camino de nacer mañana.




















APRENDÍ EL SILENCIO A SOLAS

Alborozados, me llevaron de la mano
para aprender palabras.
La tinta negra rociando el pronombre,
en la yerma planicie de la página
como un desierto íntimo y secreto
donde yo, siendo nube, llovería.

Todas las voces me dijeron: habla.
Ése es un río. Esto es un puente.
Aquello, más allá, el otro margen.
A la puesta del sol se llama ocaso.
Las cosas dichas de otro modo
son metáforas.

Nadie jamás me ha dicho que callase.
El verbo -se supone-
es una apoteosis del encuentro.
Por tanto, en la infinita y transversal
ruta de desencuentros del vocablo
a solas aprendí
el arte del silencio.


QUE NO TE HECHICEN LAS FLAUTAS

Que no te hechicen las flautas
con que te atrae a la orilla
de su boca, es la mejilla
lo que te puede ofrecer;
En la noche de su pena
ya no hay centella que irradie
pues ella no quiere a nadie,
ya no es capaz de querer.

Desconfía de su toque,
duda de su mano suave,
antes que la rosa clave
en tu futuro un ayer.
Tiene el corazón sellado
pues ella te quiso tanto
que está curada de espanto
ya no es capaz de querer.

Marchito el vientre del alma,
una creencia se ha muerto,
su nave no llega a puerto
y no te puede aprender;
como cierto no imagines
que su herida esté curada:
es débil y está asustada,
ya no es capaz de querer.





















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Ilustraciones: obras de Pablo Picasso

Lápidas




















Foto de R. Jaurégui
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SOLO, EXILIADO DEL MUNDO

Solo. Del otro lado de todos los umbrales.
Lejos de tus orillas. Exiliado del mundo.

¡Qué oscuro y qué silente el rincón donde duermes!

Es de cedro tu cama, de tierra tu dosel,
las flores que te ornaron se deshojan, marchitas,
mientras la lluvia encharca el andén de tu lápida.

Entre polvo y ceniza la faz de tu memoria
habita ojos ciegos ojos detrás de inermes párpados.

No resuenan tus pasos por las sendas del huerto,
ya no será tu arado necesario a la siembra
ni verás las espigas del verano pletórico.

¡Qué inútil transcendencia te devolvió la muerte!




















CUANDO LOS VERSOS MUERAN EN TU BOCA

Ay, si mueres, amor, si te me mueres
con qué medida mediré el vacío
de los espacios que estarán desiertos
en las desiertas palmas de mis manos.

En el moroso duelo de las horas
con qué tijeras cortaré los hilos
que enhebran nuestro ayer a mi mañana
si las mañanas nacen en tus ojos.

Cuando el sollozo enferme de agonía
con qué cadencia buscaré el sonido
para el poema que quedó callado
en las calladas lápidas del tiempo.

Ay, si mueres, amor, si te me mueres,
inventaré un milagro artero y brujo
para escuchar las voces de los versos
cuando los versos mueran en tu boca.


MUELLE DEL PUERTO

Mira, nuestra ensenada ahora está desierta.
Ya no estamos. Estoy. Mitad insuficiente.
Esta tarde no vemos en el iris del otro
los destellos del sol que la marea verde
hurtaba al horizonte y, en gesto de limosna,
esparcía en las piedras cenicientas del muelle.

Al reborde del dique asomábamos juntos,
escudriñando el agua por saber cuán solemnes
eran nuestras imágenes en el cristal manchado
del río que anidaba la forastera suerte.

Puerto de la aventura desde donde partían,
preñadas de futuro, de oro negro y fiebre,
las naves que cargaban nuestro hambre de mundo
y que en aliados sueños hacíamos que fuesen
-brazos de acero y plomo navegando el océano-
rumbo a las cuatro esquinas de los mares agrestes.

Todo era nuestro. Todo. Bienes y posesiones:
los puntos cardinales del este al occidente,
el espejo del mar, la infinitud del cielo,
del universo el diámetro y de la tierra el eje.

Mira, nuestra ensenada ahora está desierta.
Sólo se escuchan pasos, los míos, en el muelle.
Ya surgen las estrellas, una a una se exhiben,
nadando en el azul, alegres como peces.

Contemplo rompeolas hechos con mis pedazos
que avanzan hacia ti y en tu ausencia se pierden.
El silencio bucea en la oquedad del grito.
En soledad desnuda miro al entorno; adrede
callejeo las piedras pisando sueños náufragos
con estas suelas rotas que me dejó tu muerte.

















Paul Gauguin


LA NEGRA

Me acompaña la muerte, comedida,
desde siempre a mi lado y hacia el fundo,
es testigo del hado vagabundo
y de mi biografía malsufrida.

Contempla mis amores con la vida,
mi coito masoquista con el mundo,
la demente manía en que me inundo
del afán de vivir, descorregida.

No es celosa la Negra, aguarda inerme
para asirme en la lápida musgosa
cuando la vida deje de quererme.

Espera que transite en sus acequias
el tiempo, por que pueda, jubilosa,
celebrar con el diablo mis exequias.


CAMPO DE BATALLA

Y que venga la parca a echar venablos
con sus conminaciones y emboscadas,
que mis desavenencias con los diablos
yo suelo solventar a bofetadas.

Que venga la alimaña con su furia
-ni con la espina rota me doblego-
pues la batalla con la bestia espuria
acostumbro arreglarla a hierro y fuego.

No hay maldición del hado que me asombre
ni que venza mi verso y mi puñal,
en las pugnas del alma soy más hombre
y en las del cuerpo soy un animal.

Vengo armado de brío malsufrido,
traigo una daga asida con los dientes,
en las venas la sangre de un bandido
y en las cuevas del pecho dos serpientes.

No anuncien los heraldos mi condena
que no acepto sentencia del patrono;
soy el único guardia en mi cadena,
yo mismo soy mi juez y me perdono.


NO VOLVERÁN

No volverán tus besos de miel y hierba buena,
tus brazos que ceñían mi cuerpo en su eslabón
tus manos -nidos de ave- que en cuenco sostenían
el vuelo de mis alas
y ya no volverán.

Los perros de mi angustia rastrean tu vestigio
entorno al catafalco, oliendo remembranzas
que en el tapiz luctuoso de un viento de desdicha
junto a tu entierro siguen
y ya no volverán.

La soga del destino ahorcó con sus nudos
la savia del futuro, el ramaje y la fronda.
Los frutos que eran nuestros, en duelo soterrados,
se amustian en tu féretro
y ya no volverán.


















UN BALCÓN EN LISBOA

Al filo del ocaso Lisboa se desliza
hacia el azul del río y se detiene, anclada,
aguardando el espectro de la nave embrujada
que emerja del poniente envuelta en luz cobriza.

También yo, en mi balcón, entre asombros espero.
Lisboa canta. El fado solloza en sus colinas
mientras el viento artero recorre las esquinas,
mezclando olor de río con clavel y romero.

Tal como mi mirada pendiente del anclaje
Lisboa espera en vano: desamparado puerto.
El mar es la morada de un marinero muerto,
Manuel ya no regresa de su encantado viaje.

Manuel navega libre; su nave de espejismo
vaguea en el inmenso rondel de las estrellas,
la proa de su barca despidiendo centellas,
sin rumbo el timonel, ausente de sí mismo.

¿Será suave la racha que baila en la ensenada?
(Lisboa y yo tememos el son del viento norte)
¿Están sus largas manos buscando mi soporte,
sus brazos marineros nadando hacia mi rada?

El Tajo se desliza buscando en desavío
a un hombre amortajado en alga enredadera,
Al filo del ocaso una mujer espera
desde un balcón donde se avista el río.


TE HE BUSCADO

Te he buscado dondequiera
mis pasos me han arrastrado;
corté sendas en los bosques,
tracé rutas en los páramos;
a las puertas de Granada
les pregunté a los gitanos;
y a los cristianos que iban
caminito de Santiago.

Las azucenas del campo
me dijeron que yo habría
de encontrarte, vida mía.
no sé dónde, sin embargo.

Te he buscado en el desierto,
por la montaña y el llano;
seguí tu huella en la aurora,
tus luces en el ocaso;
rogué a la encrucijada
de tus pisadas el rastro
y a la rosa de los vientos
el compás de tu cayado.

Manantiales de agua fresca
me dijeron que yo habría
de encontrarte, vida mía.
más no cuándo, a ciencia cierta.

Llegué al borde del mundo
sólo a pasos del milagro,
pero en llanuras de ausencia
hallé tus ojos cerrados,
manos en cruz sobre el pecho.
¿Cómo he de hallarte si al cabo
vine a buscarte en las sombras
donde nadie es encontrado?

Te fuiste sin avisarme,
sin decirme que yo habría
de encontrarte, vida mía
pero demasiado tarde.


NO SÉ QUIÉN LLORA

Toco tu nombre
hecho de letra ausente y mal presagio.

No sé quién llora dentro del silencio.

El vaho de tu aliento en el cristal
inaugura neblinas.
Limpio tu rostro
con dedos sucios del veneno de mis labios.

Toco tu boca
donde nudos gordianos se desatan.

No sé quién llora dentro del espejo.

Pozo de pesadillas mal soñadas,
cementerio de tumbas entreabiertas
donde se albergan párrafos perdidos
y versos inconclusos.

Toco tu cuerpo que resuella por la herida.

Dime quien llora dentro de tu lápida.
















Paul Cèzanne


JIRONES

Llegué a la vida demasiado tarde.
Kerouack se fue,
Ginsberg se fue,
no hay nadie que nos lleve de la mano
en el camino al borde del sistema.

Terminó la post guerra
en la terraza de Au Deux Magots;
ya todos decidieron
que no les gusta Sartre;
yacen encarceladas
las tiernas odaliscas de Matisse;
Camus tan fallecido
habita con los dioses el verano en Tipasa.

Por no hablar de los muertos
irremediables
de la generación del veinte y siete.

Quedamos solos,
Tito Muñoz y yo,
bogando en los jirones de Febrero.


FUNERAL

Cada cual sabe de su fogarata
y en que llamas se quema su recuento
pero no sabe al cierto en qué momento
el tiro le salió por la culata.

La vida le añadió una posdata
pues se había extraviado el argumento,
en vano uno busca el fundamento
y es porque no lo encuentra que se mata.

Carga su propia muerte y no se muere:
atrapado en la luz del escenario
interpreta el absurdo miserere.

Mientras recurre el palco de su encierro
descubre que no habita el vecindario
cuando no ve pasar su propio entierro.


RIP

Nos movemos en órbitas ajenas
por las rutas de un cosmos de candiles.

Gravitas al entorno de utopías
persiguiendo hieráticas esfinges;
yo habito una oscura nebulosa
con duendes locos y vetustas sílfides.

Nuestros itinerarios no se cruzan
ni tus centellas llegan a mis lindes:
un astro más en la alambrada sombra
a la que se habituaron mis eclipses.

Darán las doce en el reloj del tiempo
y un día alguien dirá que te extinguiste.
Escribiré "descansa en paz, amigo".
Es la costumbre. Y seguiré, impasible,
acomodada a pérdidas y daños,
sin ostentar la pena y el gesto triste.

Es usual que las lámparas se apaguen,
las voces callen y las aves migren.

En verdad, hace tiempo fallecido,
yaces entre mis densas cicatrices:
la ausencia es una tumba y el silencio
es una muerte, la peor que existe.

Nadie sabrá, al verme indiferente,
seguir la trayectoria de mi elipse,
cuántos soles en mí se han apagado
en la primera muerte que moriste.





















EL OLVIDO ES UN COFRE CARGADO DE MEMORIAS

Hay quienes nunca acaban de morirse,
tal vez porque, obediente a mis pesares,
a cada día vuelvo a despertarlos,
los arrastro a través de las arenas,
de mis desiertos áridos
donde se incendian horas.

Mis muertos repetidos, emergentes,
están en todas partes con sus pálidas
manos de adiós, sus ojos sorprendidos,
porque no les permito que se mueran.

A cada nuevo ocaso escarbo tumbas
y vuelvo a sepultar viejos fantasmas.

Hay quienes nunca acaban de morirse.

El olvido es un cofre
cargado de memorias.


ZORZALES

Y te moriste así, sin más razón
que el hecho de estar vivo
dejando viuda,
y sin Plaza de Mayo,
la larga multitud de nuestros versos.

Quedó el silencio fúnebre enraizado
en un patio de lilas y glicinas
donde había una acacia y un nogal
y habitaban zorzales
que a veces, en el alba,
volaban rumbo al Sur.

Y los zorzales regresaban siempre,
buscando los pretéritos del tiempo
y los futuros grávidos de enigmas
que –aunque no lo sepan-
ya no vendrán.

El patio andaluz















Foto: Galería Redi


DE REPENTE LA LUNA

De repente la luna
así como una ráfaga de luz
entró por mi ventana, hizo una cruz
en la planicie de mi piel moruna.

Un verde de aceituna
en tus ojos brilló. En contraluz
tu boca era el azar de un andaluz
buscando en mis caderas la fortuna.

Navegabas las sábanas luneras
a la proa de un barco en desavío
sin rumbo ni fronteras.

Yo era agua y sal de marear
en la estela de luz de tu navío.
Y me dejaba amar.


PATIO ANDALUZ

Dame el aroma obsceno de azahar
que traes escondido entre las manos,
el gemido del viento en el rosal
y ese Guadalquivir de tu pasado.

Dame una noche de balcón florido,
con cantigas naciendo de tu boca,
un aire denso con perfume y brillo
de un jazmín enredado en luna mora.

Dame solemnidad de gran mezquita,
sosiego de jardín, paz de palacio,
calles de piedra de la judería,
y tu mirada de andaluz y bardo.

Dame misterio y magia, un son de fuente,
el embrujo sombrío de un follaje,
que mi alma tiene cita con tu duende
en un patio andaluz alguna tarde.

























Amedeo Modigliani


TRAJE DE LUCES

Exhibe traje de luces
tu reflejo en mi mirada
mientras tu afán me desnuda.
Moreno, coge mi enagua,
es de fibra color rojo
sirve de muleta y capa.

Son las cinco de la tarde
en punto en mis almohadas.

Ven a lidiar con bravura
este toro de mis ansias,
que el duende de los toreros
está montado en tu espalda.
Ya se escucha el paso doble
de mi sangre alborozada.

Son las cinco de la tarde
en el reloj de mis sábanas.

Atráeme en la verónica,
que me cimbreo en las largas,
al quiebro, al sesgo, de frente,
en cualquier suerte me matas:
acopla en pase de pecho
y, al encuentro, la estocada.

Son las cinco de la tarde
en las faenas del alma.


LOS CABALLOS DE LA NOCHE

Los caballos de la noche
galopan por las praderas,
al viento sus largas crines,
su pelo de seda negra.
Estrujan bajo sus patas
el césped y las violetas;
cascos de acero y de luna
pateando las estrellas.

Los caballos de la noche
se adentran en la ribera
mordiendo el rostro del agua
donde se bañan las meigas.
Ya se escucha su tropel,
se acercan por las aceras,
su aliento dulce y salvaje
resuena ya en el alféizar.

Los caballos de la noche
con su gala de impudencia
destrozan el cielo raso,
galopan por la azotea,
cabalgan mis pensamientos,
haciendo gemir de pena
las sábanas de mi cama
donde se duerme tu ausencia.


CANTO

El sonido de tu llanto
aletea en mis oídos
y encuentra eco en mis cauces
por donde transita el río
de aguas torvas que arrastra
la pena que a nadie digo.

Mi canto responde al tuyo
con el leño de suspiros
que guardé hondo en mi pecho
clavado como un cuchillo
cuando llevó tus baladas
el viento en su remolino.





















Amedeo Modigliani


BRÚJULA

Mi nave descorregida
singla al sabor del destino
le hizo errar el camino
una estrella distraída.
El viento le tiende un lazo,
boga mi nave perdida.
La brújula enloquecida,
girando en mar de sargazo,
no encuentra el sur de tu abrazo.


AY, SI FUESES MARINERO

Ay, si fueses marinero
de los mares peregrino
te enredarían las algas
con que tejo mis vestidos.
En el coral de mis dientes
tu rada y puerto de abrigo,
en mis ojos tus naufragios,
en mis brazos tus abismos.

Ay, si fueses marinero
te llevaría conmigo
hacia un navío pirata
que naufragó hace siglos.
Me vestiría de oro,
un rubí en el ombligo,
y te amaría acostada
en un tesoro de olvidos.


MARINERA NO HE DE SER

Marinera no he de ser
sino un grácil barco a vela,
larga y estrecha carabela
para tu gusto y placer,
a tu mando y a tu querer.
Navégame en la espesura
del abismo, de la hondura.
Como algas en cimbreo
mis caderas balanceo
al compás de tu de ternura.

Seré el barco, tú el barquero,
seguirás como a una estela
los pliegues de mi sayuela.
En tu afán de marinero
trazarás mi derrotero
con tu boca de besarme
con tus brazos de abrazarme
y tu entereza de plata.
En tu ojos de pirata
mi naufragio o mi ancladero.
















Amedeo Modigliani


MENTA Y PECADO

Me enamoré de tus ojos
donde una hoguera encendía
un fuego de chispas verdes
y un rubor de fantasía;

de tu olor de bravo pino,
de tus manos hechiceras,
tu voz de trueno indomado
remontando cordilleras.

Para ti escribí canciones
que robé a la voz del viento,
música en ola salvaje,
de la marea el aliento.

Por ti recorrí los bosques
trazando rutas de besos
donde el sol se disputaba
el rojo con los frambuesos.

Llegaste como la brisa
con el son de madrigales
en mis sentidos hambrientos
cantaron los manantiales.

Fue mi fiesta la llanura
de tu pecho soleado
y yo aprendí que el amor
sabe a miel, menta y pecado.

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BURLERÍAS


















Auguste Renoir


UN PATIO EN EL ALBAICÍN

Moreno de mi pecáo,
ven que yo tengo un jardín,
para tí yo he embrujáo
un patio en el Albaicín.

En el surtidor el agua
dice en murmullos te quiero
y lo repite mi enagua
mientras yo bailo y te espero.

En el jardín hay un muro
lleno de rosas morenas
si vienes, moro, te juro,
te abrazaré con cadenas.

Ay, que yo tengo un jardín
para sentarme a tu vera
en el patio de Albaicín
cuando sea Primavera.

Ven, moro, que te embeleso,
ven que te quiero cercano,
que yo he de robarte un beso
o más tarde o más temprano.

Tengo un secreto guardáo
mi moro de amor maltrecho
es que te llevo colgáo
del lado izquierdo del pecho.

Mi duende tiene una cita
con tu duende en el jardín
cuando brille, callaíta,
luna mora en Albaicín.


GITANO CUANDO TE MIRO

Gitano cuando te miro
yo veo en tus ojos moros
claveles rojos de sangre
ardiendo en tardes de toros.

Para qué tus ojos tristes
fijados en esa hoguera
si al sonido de tu nombre
bailan, bailan, mis caderas.

No ves que estoy en la chispa
de ese fuego te alumbrando
y mi voz es la quejumbre
de tu guitarra llorando

Gitano pide a tu madre
una cinta en seda pura
que juré llegar al cielo
aferrada a tu cintura.


Los signos

Me alimentan los signos
de su ofrenda de fuego
Alonso de Molina



De mis signos te alimentas
y en las aguas de mi cuerpo
en vendaval piel arriba
navegan tus pensamientos
guiados por brújulas rotas
hacia el caos de mi lecho.

Un conjuro de suspiros
con melodía de remos
te llama desde mi orilla
porque encuentres el trayecto
de tus brazos navegantes
hacia el bies de mis secretos.

Por atraer tu naufragio
a la margen de mi aliento
mis pies inventan señales,
que trazan a ras del suelo
el camino de tus manos
hacia el muelle de mis senos.

Mi cintura busca alas
por suavizar el cimbreo
cuando en rituales de embrujo
te danzo a la luz del fuego
mientras el viento te empuja
hacia el patio de mi cuerpo.

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EL ROMANCE DE LA MORISCA
















Mariano Fortuny

Introducción


En el año 711 se produjo en la península ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de África del Norte. Nacía la cultura arábigo andaluza que durante los siete siglos siguientes desenvolvió una civilización marcada por el progreso económico y el esplendor cultural en las tierras denominadas Al-Ándaluz y Al-Gharb. Durante esa época coexistieron pacíficamente las comunidades islámicas, cristianas y judías.

En 1492 terminó el proceso de la reconquista de España por los Reyes Católicos y con él la tolerancia religiosa y cultural hasta entonces vigente.

En 1502 los Reyes Católicos promulgaron una "pragmática de conversión forzosa" que establecía la conversión compulsiva de los musulmanes a la religión católica. Se llamaron "moriscos" a los españoles musulmanes forzados a bautizarse en consecuencia de esa ley. Los musulmanes que no aceptaron la conversión fueron perseguidos y expulsados del territorio español.

Un siglo más tarde, en 1609, también fueron expulsados los moriscos.

Los romances que componen este conjunto de poemas cuentan la historia de los amores entre una mora “ámma”, de una familia de pequeños agricultores, forzada a convertirse a la religión cristiana, y un moro “jássa”, de noble familia, que no se sometió a la pragmática y se volvió forajido. La época es el inicio del siglo XVI. El local la ciudad de Granada.

El enredo está organizado en cuatro períodos:

- La época anterior a la promulgación de la pragmática (poemas I, II y III).

- El período siguiente a la pragmática, en que el moro se recusa a someterse a la conversión compulsiva y la joven es forzada a convertirse al cristianismo (poemas IV y V).

- La fase en que el moro se encuentra forajido en los montes de la Sierra Nevada y viene a Granada a encontrarse con la morisca (poemas VI, VII y VIII).

- Final (poemas IX, X y XI).















Foto: Alhambra, en Granada


I - LA SAGA
Granada, 1502

Es la saga de Sahoud
noble jássa sarraceno
y de la ámma Marién
gentil morilla del pueblo.
Era el reino de Granada.
Eran los siglos añejos.

¡Ay, moro de mis encantos!
¡Ay, mora de mis desvelos!


En amores se enredaban,
pasión del alma y del cuerpo,
mientras, avara, la suerte
con los hilos de su enredo
su destino entretejía
por intrincados senderos.

Botas cristianas pisaron
de Allambra los arabescos.


Moros que seréis moriscos;
moriscos, sois extranjeros;
que no habrán en este reino
otra ley ni otro credo:
hay una España en la tierra
y sólo un Dios en el cielo.

-Mora, me hicieron morisca.
-Moro nací y me muero.


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II - EL CLAVEL














Mi boca que no te nombra
está sellada en secretos,
no puedo decir tu nombre
pues la luna está en acecho,
sus ojos de plata en ansias
por ver tu cuerpo, moreno.

Con un clavel en los dientes
mordiendo el tallo te muerdo.


Mi cuerpo que te reclama
en la noche hace su lecho
y te esperan mis embrujos
en los umbrales del tiempo,
ansiando el sol de tu piel
que sabe a menta y desierto.

Con un clavel en la oreja
te escucho en el son del viento.


Cuando la luna me vea
enlazarte en mis enredos
y ponerme de puntillas
para besarte en el cuello
¡Ay! ¡Que se ponga morada!
¡Ay! ¡Que se muera de celos!

Con un clavel en el vientre
te danzo a la luz del fuego.


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III - LA SOMBRA





















Mi sombra besa tu sombra
con boca de terciopelo
mientras esperan mis labios
la mordida de tu beso:
que deje un trago de sangre
en el caudal del deseo.

En los labios de tu sombra
están durmiendo mis rezos.


Mi sombra traza en tu espalda
el dibujo de un sendero
por que no pierdas la ruta
de tu mano hacia mi pecho:
te esperan mis impudicias
en las esquinas del viento.

En las manos de tu sombra
están durmiendo mis senos.


Mi sombra deja una estela
con su lengua de veneno
de tu garganta a tu vientre
que te trae hacia mi puerto:
en la mar de mi saliva
singla tu cuerpo, moreno.

En las olas de tu sombra
están durmiendo mis sueños.


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IV - EL CÁLIZ





















Me atavié con madreselvas
para esperarte, moreno,
y modelé mi cintura
al anillo de tus dedos.
Mientras tanto te soñaba
en las esquinas del beso.

Me traes goces guardados
en los gemidos del tiempo.


Rociada de inquietas prisas
mi boca se alza en vuelo,
lengua de ave embriagada
busca en voraz aleteo
adonde quepan mis labios
en los pliegues de tu cuerpo.

La noche, alfombra tendida,
donde se acuesta el silencio.


Tus manos son peregrinos
que recorren mis senderos;
con dientes de fiera hambrienta
muerdes mi carne y mis huesos,
y el manantial de tu savia
llena el cáliz de mi celo.

Con la escoba de la aurora
las nubes barren el cielo.


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V - LA PRAGMÁTICA


















Mora, me hicieron morisca,
hijastra de un dios ajeno,
y me dicen que es pecado
querer tanto como quiero
a quien sustenta el Creciente
con manos de sarraceno.

Zarandeo los olivos,
en tus brazos me estremezco.


Sólo tu cuerpo es sagrado
en el altar de mis rezos;
la plegaria de mi lengua
ardiendo en miel y veneno
te reza de arriba a abajo,
te quema como un infierno.

Cojo racimos de uvas,
y me embriago en tu recuerdo.


Los jazmines en el carmen
se mecen en un cimbreo
cuando tu potro de ansias
cabalga sobre mis yermos
y los gritos de mi sangre
hacen callar a los truenos.

El Genil nace en tu boca,
en tus caudales navego.


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VI - LOS HADOS


















A camino de la vega
llevaba mi desconsuelo;
me llegó el son de un canto
en la guitarra del viento.
Quien cantaba era un gitano
su soleá de lamentos.

En su cortina de ocasos
se desenredaba el cielo.


-Muestra, gitano de sangre,
el destino de mis miedos,
si en la palma de mi moro
y en las páginas del cielo
habrán escrito los hados
el camino del destierro.

La noche extendió su gasa
sobre el verde de los yermos.


-Dime que en nuestra fortuna
la noche vieja del tiempo
no apagará el resplandor
del Creciente sarraceno
y que el sol de Andalucía
resplandecerá de nuevo.

En las orillas del Darro
se escuchaban los silencios.


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VII - EL SUEÑO















De mi camisa de gasa
hizo su mantón el viento,
destapando mis caderas
desvelando mis secretos;
me despojó de vestidos
el olor del limonero.

Resbalaban como peces
tus ojos sobre mi cuerpo.


En el brocado sedoso
de las sábanas del sueño
aleteaban murmullos.
No me tocaban tus dedos
y aun así me estremecía
con el roce de tu aliento;

Se deslizaba en mi piel
el caudal de tu deseo.


La noche se desvelaba
en la fronda del almendro
por temor a que te fueras
cuando estuviese durmiendo.
Yo me soñaba desnuda
en el umbral de tu pecho.

Un milagro se escondía
en mi patio de silencios.


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VIII - UMBRALES















No traspases el umbral:
en este lado, el infierno,
donde te danzo descalza
sobre el ansia de los leños
en llamaradas que lamen
y abrasan cuando te pienso.

De tu mano hasta mi mano
la noche teje su lienzo.


No atravieses el cristal
porque sangrarán mis miedos
si tus manos hechiceras
destrozan mis amuletos;
rózame con tu mirada
desde el zaguán del destierro.

De tu boca hacia la mía
un pájaro alza el vuelo.


Modélame en el instante
en que en tus ojos me veo
porque transite tus patios
y me quede en tus adentros
como un ala de paloma
prendida en el bies del tiempo

Entre tu río y mis cauces,
dos abismos y un espejo.


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IX - EL PATIO





















Furtiva vengo a tu patio
en la ausencia de su dueño
que va por el Mulhacén
como un paria bandolero
por no ceder su creencia
a quien le quiere confeso.

Puedo husmear tus olores
de tigre acosado y fiero.


Por no dejar huellas agrias
en el piso de tus yermos
vengo descalza y pequeña
arropada en mis secretos
y los geranios se asustan
cuando en ellos te rastreo.

Están oliendo a tu savia
las esporas del helecho.


Si me encuentras sembrarás
con tu brío zahareño
en mi vientre un hijo moro
que me matará de duelo
cuando siga tus pisadas
de nómada y de guerrero.

¡Ay, si no fuera morisca!
¡Ay, si te quisiera menos!


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X - EL HIJO





















Te amo, habibati, como
el cristal ama al reflejo,
como las aguas al cauce,
los astros al firmamento,
la mujer ama a su hombre
y un perro ama a su dueño.

En tus brazos me acomodo
en tus murmullos me acuesto.


Tu hijo será valiente
como tú, fuerte y guerrero,
salvaje como una fiera,
tierno como un pensamiento,
señor de su propia suerte,
libre como el son y el viento.

Mi piel es luna embrujada
en tus manos de hechicero.


Tendrá tu brío y tu garbo,
tus ojos de terciopelo,
tu risa de agua en la fuente,
tu boca de miel y beso.
Te seguirá como yo,
te querrá como te quiero.

En la tierra de mi vientre
la semilla de tu cuerpo.


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XI - LA HUIDA





















Serán, habibati, siempre,
tus brazos mi derrotero;
tras tus huellas mis pisadas
te seguirán al destierro;
tu pecho será mi hogar
tu sombra será mi techo.

Adiós luna de Albaicín
que me acechabas con celos.


Con la esperanza en la alforja
nuestro hado seguiremos.
Mi mano asida a tu mano,
tu hijo en mi vientre llevo
rumbo al Maghrib al Aqşá
patria de nuestros ancestros.

Adiós mi patio de aromas
que huele a jazmín y espliego.


Adonde sopla el Siroco
habrán oasis amenos,
los dátiles serán dulces
con el sabor agareno
de tus labios cuando dices
“Habibi yo soy tu dueño”.

Te miro y lloro, Granada.
Sigo a mi amor y te dejo.


Ilustraciones: óleos sobre lienzo de Henri Matisse