miércoles 29 de junio de 2011

AL NORTE DE TU ALIENTO

Fotografía de Man Ray

Espejos. Patios. Umbrales. Silencios. Ritos. Esquinas. Exilios. Horas. Otoños. Ventanas. Sombras. Enigmas. Pretéritos. Hay palabras que me enuncian. A veces las pronuncio en versos. En susurros o a los gritos. Para que no se mueran en mi boca.
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Vidrio de Lalique "Susana"

TRISTEZAS

Si yo tuviera un corazón de estepa
fundarías ahí tu territorio.

Mas en mi pecho hay un salón antiguo
lleno de piezas finas, delicadas,
que rematé pujando por otoños
en las duras subastas de la vida.

De un zarpazo destrozas los espejos,
desgarras los dibujos del brocado,
haces trizas mis vidrios de Lalique.

Resta incólume, a salvo de tus zarpas,
el cofre donde guardo las penumbras.

Oleo de Pablo Picaso

CARTA (VI)

Lisboa. Enero. Un año que comienza
bajo un signo de crisis logarítmica.

Vengo a contarte
las esperas en todos los andenes
y horizontes que nunca se acercaban
con tu nombre en la cresta.

Porque hay cosas de ti que aún no sé,
voy por tu piel escrita palmo a palmo
por encontrarte al filo de las sombras
enmarañado en versos.

Es medianoche en todos mis relojes.

Mientras suenan las doce en las ausencias
la Cenicienta urbana que me habita,
con jeans, Marlboro y garras sin barniz
pierde el zapato al borde de tu abismo.

Porque hay cosas de mí que aún no sabes
no entretejo gemidos, sólo trato
de engendrar esta carta por decirte
que preciso rasgar alguna seda,
un folio escrito o en blanco,
unos años de más y otros de menos,
viejas memorias, síntesis futuras,
el pañuelo, la alfombra, mi vestido,
cualquier cosa que cruja al deshacerse,
que grite, vocifere, gima, llore.
Necesito rasgar hondos pretéritos.

Es medianoche en punto en los colmillos
con que muerdo las horas.
Porque hay cosas de ti que aún no sé
Porque hay cosas de mí que aún no sabes.


Fotografía de Lena Sergeeva

ERA ADIÓS Y NO ERA

Ya sé que no habrá risas,
ni ternura, ni azul, ni confidencias,
ni claves enhebradas
que sólo el otro sepa traducir.

No hilaremos con manos conniventes
la sutil telaraña de la complicidad.

Todo serán umbrales subjuntivos.
Como si casi. Como por si acaso.
El bies de un todavía.

Talvez hables de mí en algún texto
con velado desdén, mal disfrazado enojo,
culpándome por nunca comprender
lo que hay de lenitivo en la crudeza
con que dices los cauces del dolor,
y ser tan distraída de las cosas
que no me escudo más que en los abrazos,
de tal manera inepta
para reconocer al enemigo.

Y de mí no sabrás que hay otras guerras
sin fusiles, ni muertos, ni batallas,
en que me empeño inerme y a destajo,
porque igual hay trincheras
en el prosaico mundo de los vivos.
Y es que a veces se lucha
no más que por el sol de cada día,
y en pugnas entre el pie y los trayectos
se va resquebrajando la bravura
si son muchos los soles
y se los ha vivido casi todos.

Ya sé que no habrá llanto
de misturadas lágrimas y miel,
ni la mano tendida, ni el hombro al que arrimarse,
o el pecho como un muelle en donde anclar.

No habrá pan ni rescate.

No habrá más que un umbral, por si las ganas,
mientras las ganas duren
la eternidad que tengan que durar.











"El bosque de los sueños". Fotografía de Cristina Alemparte

FUE ASÍ

Fue así: una especie de desorden
en el flujo del tiempo.

Insólito y absurdo.
Un águila con vértigo de alturas.
Un pez con miedo mórbido del agua.
El personaje cuyo nombre huérfano
no se encuadra en la propia biografía.

Y sin embargo
hubo algo de bello y sorpresivo
como una iglesia gótica en la playa,
la nieve en la planicie de Castilla,
el vuelo de los cisnes sobre un lago.
O entonces Times Square cuando anochece.

A veces fue pletórico
como un viñedo en tiempo de vendimia
y el olor de la tierra cuando llueve.
O más bien el Concierto de Aranjuez
en jazz, por Miles Davis.

Fue así. Y de pronto no fue nada.
Fue como si jamás hubiese sido.











"Elle", Fotografía de Merrow

EN PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR

Nunca quise ser pájaro.
No sé por qué insisto en mantener las alas.

Por decirlo sin sombra de retórica
me acomodo de bruces en algo que amenaza
ser una reflexión de orden sensorial:

Acabo de instalar en el teléfono
un poema sinfónico de Liszt,
donde se infiere un ego dimitido
de mi generación Kerouak-Ginsberg.

Hay otros síntomas:
Me pienso samurái en un bosque de espejos.
Navego el tragaluz en un barco sin quillas.
Sólo me falta para ser otra persona
que me compre una casa en la Toscana.

Nada de eso estaba en lo previsto
cuando dejé mis márgenes
llevándome un olvido de la mano,
paraguas –por si llueve–
y mis pañuelos de decir adiós.

Llegué despaginada al otro lado
de mis cincuenta y siete travesías.
Mejor asumo que desvié la brújula
y me dejé caer en el sistema.

Deberían vender en algún sitio
un manual de existencia que enseñe una mujer
a no desescribir su propia historia.

(Lo que hay de impudicia en los poemas
es que una habla siempre de sí misma).


Fotografía de Alexander Vedernikov

CENDAL

De una tumba a un destiempo
trenzamos un cendal de paradojas.

No existe en el diseño de mis mapas
un territorio abierto a las colmenas:
si fueses miel yo no sería boca.

Si fueses fuente no sería sed.

Por otro lado
(hay siempre el otro lado de la hipótesis)
no existe en el rondel de tus esferas
vía para mi elíptico trayecto.

Si fuese cumbre no serías cóndor.
Si fuese fiera no serías caza.

Sin embargo
(hay siempre un sin embargo al quemar naves)
al pensarte veneno, sal, resina,
qué lástima me da que no haya sido.











Fotografía de Constanza Puente

CUANDO

Quisiera estar ahí
cuando es diciembre y lunes,
y llueve sobre el patio;

cuando en las madrugadas
conversas con los árboles
por contarles insomnios y agonías,
y estrenas alboradas redentoras
en esos días que nacieron muertos.

cuando la tenue luz de una farola
desdibuja tu sombra en las ochavas
y la noche asomada a los portales
cuida tus pasos;

cuando tu perro, a guisa de filósofo,
profana los altares
donde ciego, inmortal, vivía Borges
y te llena de ira y desconsuelo
esa imprevista forma de penuria;

Quisiera estar ahí cuando estás loco,
cuando me quieres tanto,
cuando a veces me odias,
y latigas mi espalda entre dos credos,
y entrelazas tu nombre en mis enigmas.











Fotografía de Lena Sergeeva

ENTRE DOS GUERRAS

Me acerco entre dos guerras, cuando emergen
de los despojos ánforas añejas
y el vino a sorbos sabe a un armisticio,
un credo entre silencios.

Reposan los corceles de mis tribus,
que en un tropel de cascos, de entre el polvo,
rescataron tu nombre.

Entre dos guerras vengo,
niña y desangelada,
sin manual de instrucciones para el miedo.







Fotografía de Tamara Andreeva

SOMBRAS

Mi sombra velará tu sombra donde
discurra el vago rumbo de los párpados
el tiempo con su séquito de otoños
y seguirá la impronta de tus huellas
que un día fueron brújula, cuadrante
y arca de los lúgubres desechos
en la odisea que emprendí sin mapas
hacia el borroso sur de mis naufragios.

Donde tu sombra esté, grave y remota,
mi sombra –de tu sombra consecuencia–
allí estará, al borde de la tuya,
por andar de tu mano los zaguanes
que llevan al envés de los enigmas
y recorrer contigo paso a paso
los páramos de hielo del olvido
y el infierno voraz de la memoria.


Fotografía de Elena Yasinovo

GERUNDIO

No es el olvido lo que yo creía:
vastedad de vacíos subsecuentes,
la incógnita despejada
en mi ecuación mental de utilidades.
No es mantel de ceniza recubriendo
migajas de un banquete consumido
o niebla que se extiende hacia la línea
de un horizonte al que volví la espalda.

Que no. Es un aguaje reincidente,
un vendaval que arrastra los despojos
de un antiguo naufragio
hacia la soledad de mi egoísmo.

O más bien un hachazo
que escarba grietas
en lo intangible.

Olvidar es asir esa condena,
perpetua, inexorable, reiterada.
Una no olvida: una se va olvidando.
Construcción absoluta, estado durativo,
es un gerundio
eternamente
siendo.

domingo 30 de mayo de 2010

OFICIANDO EL RITO DE ENREDAR LAS HORAS

Fotografía de Lena Sergeeva

NAUFRAGIOS DE DOMINGO

Hay un puñal que hace la piel en trizas.
Hay un incendio que destruye el trigo.
Y un sueño malo viaja por caminos
donde corren los días.

En la curva engañosa de la brisa
un barco se perdió de su destino.
Hay extraños naufragios de domingo
en otras avenidas.

Con el ala quebrada
un viejo afecto yace en los alambres
y se muere en las púas de las horas.

Hay que acunar el alma
porque un puñal de adiós rasga la tarde,
porque un fuego de olvido arde en las rosas.


Gianni Strino



NO FUIMOS MÁS QUE DOS

No fuimos más que dos y un evangelio
manuscrito en versículos herejes,
un dúo de demonios penitentes
adicto a descifrar los sortilegios.

Éramos los guerreros de un ejército
de ángeles con cruces en la frente,
una obstinada multitud de jueves,
una constelación, dos hemisferios.

Pájaros rescatados de la ciénaga,
una bandada en vuelo sobre el patio,
ahora soterrada en los escombros.

Quedó una dinastía de aves huérfanas.
No fuimos más que dos, y éramos tantos.
No fuimos más que dos, y éramos todo.



Fotografía de Lena Sergeeva

RONDA

Es demasiado tarde para escribir poemas.
Una noche tan alta, tan tardía,
tan medianoche en todos los relojes
que ni los gestos mojan las palabras.

Pero igual vengo
del techo revestido con madera,
de los estantes donde duermen libros,
del sofá con el molde de mi talla,
la luz de la mesilla,
y de dos jarras que compré en Venecia,
que corrí a comprar justo cuando partía
rumbo a algún otro puerto
porque el verano había terminado.

Vengo, ya ves, también de las memorias.

Vengo desde los mismos trastes mansos
con su cariz de viejas cosas mías,
su color sepia,
su olor a pino.

Vengo de verso en verso
tanteando la anchura de la noche
hasta tu patio y rondo las ventanas
que por no verte
traigo perros hambrientos en los ojos.


Van Gogh


CUANDO ESTOY TRISTE ME TRANSFORMO EN ÁRBOL

Cuando estoy triste, cuando estoy muy triste,
se me brotan ramajes del costado,
sobre mi piel se extiende una corteza
y vigas de madera son mis brazos.
De mis cabellos cuelgan hojas mustias
sin esperanza verde en nuevos vástagos
ni consuelos de azul sobre la fronda
que el corazón dibuja en el espacio.

Cuando estoy triste, cuando estoy muy triste
nacen del cuenco agreste de mis manos
las almendras amargas del silencio
y una savia de hiel corre en los tallos.

Expuestos al rigor de la intemperie
dentro y fuera de mí tiemblan los pájaros
que anidan en las cruces de mi leño
de surcos boquiabiertos, asombrados
de lo cuánto el dolor me vuelve espesa.

Cuando estoy triste me transformo en árbol.




Mike Worral

VENDAVAL

Alguien está soñando que es un ramo
que se quiebra en la cruz de mi baluarte,
en el telón del sueño hay un aguaje
donde se ahoga aquél que me ha soñado.

A su sepulcro llevo años de llanto
reseco y escondido en los costales,
es una paradoja mi semblante
e incertidumbres fluyen de mis manos.

Un vendaval y yo y un muerto ajeno,
ambos sin equipaje ni apellido,
compartimos idéntica intemperie.

No sé si el sueño es mío o si algún muerto
desde su soledad sueña conmigo
y me ve triste dentro de su muerte.


Lilya Corneli


SI TE VAS

Si tú te vas primero me suprimo
del escenario nuestro y absoluto,
mis pies se olvidarán de ese camino
que lleva a nuestra casa, a nuestros muros.

Por si acaso te vas me desdibujo,
me vuelvo sombra de tu sombra, al borde
de las alas de un pájaro nocturno
he de emigrar hacia un lugar sin nombre.

Si me dejas envuelta en ese enorme
asombro que tus manos no atemperan
me incrusto en la madera de los robles,

me cambio en mineral entre las piedras,
me elimino de mí, borro mis trazos,
seremos tú y yo silencio exacto.




Kimberly Dow


QUIEN MUERE

Para decir los cauces del absurdo
habría que esculpir nuevos vocablos
con talle de cincel, a fino trazo,
gráciles como juncos.

Pero si toca hablarnos con los puños,
el corazón y el verbo acorazados,
por no enfrentarnos con saeta y arco
mejor quedamos mudos.

Si aguzamos el filo de los sables
para asediar del pecho las almenas
y desangrar la carne,

más vale erguir un muro entre los verbos
porque de un lado al otro no se vea
quien se muere primero.




Ben Snijders

JUEVES

Este jueves nació equivocado.
Hay tardanzas pendientes de las horas.
Un rosario de enigmas
se retuerce en la piel de la mañana.

Este jueves se arrastra hacia mis manos,
en minuteros húmedos resbala
y tropieza en la ronda del reloj.

Mientras no se deshacen
los pliegues de la noche
enmaraño conjuros de verano
que me protejan de decir tu nombre
en la trinchera última del pecho
donde se despedazan las alas de los pájaros.




George Pierre Seurat

SIN TIEMPO

Un día te despiertas sin tiempo entre las manos.
La noria de los días no susurra
más que pretéritos
en las voces del agua:
lo que pudo haber sido y lo que fue.

Qué escaso porvenir cada mañana.
Qué poco sobra para tanto olvido.

Ahora hay que apurarse en ordenar
el saldo de una vida.
Despejar los baúles de innecesarias brújulas,
secar la lluvia que quedó en los párpados,
limpiar de los recuerdos sus auréolas,
descartar cicatrices
que sobrepasan el tamaño de la herida,
borrar nostalgias sin coincidencia
con las inmensas penas que causaron,
dejar durmientes en sus signos mudos
a acuarelas y gárgolas.

Hay que buscar la lápida
en donde enterrarás tus evangelios.


Egon Schiele

CAMBALACHE

Y de pronto una estrofa -¿y por qué no?-
una sola, febril, desaseada,
violenta y sudorosa,
sin pesares ni duelos,
como un flechazo justo en la pupila,
que muestre los engaños y perjurios,
el desfalco que hice en mis verdades,
los sueños disipados,
mi falta de piedad, mi indiferencia,
el fraude en el amor, el cambalache
que perpetré en mi propia biografía,
una estrofa que nazca en mis entrañas
y se enferme en la sílaba penúltima
y muera en la penúltima frontera:
hay siempre otro sonido allende el canto
y un nuevo territorio allende el verso.


Gustav Klimt

CORAZÓN DE PATIO

Resuena en este corazón de patio
con ángeles de vidrio en sus almenas,
muros de piedra y cal y enredaderas,
tu voz como un presagio.

La escucho en el tropiezo de mis pasos
en las rayuelas rotas de la espera
donde se enmarañó mi sombra vieja
al ras del calendario.

Me habla con su signo de demoras
cuando el viento sisea sus fatigas
al norte de mis ejes.

Y me dice que al margen de las olas
me nombra, en el azar de sus enigmas,
un hombre a la intemperie.



Bernhard Gutman

HUBO UN TIEMPO DE ESPEJOS Y DE PATIOS

Hubo un tiempo de espejos y de patios,
de umbrales y silencios,
de ausentes generosos que volvían
si el echarles de menos
fuese un nudo en el bies del horizonte.

Pero fue antes
cuando los ángeles
eran los pensamientos de aquellos que me amaron.

Ahora no.
Ni siquiera los versos me acompañan
en la escasez del cielo
sobre el tejado.

jueves 14 de mayo de 2009

YO TE DIRÉ EN VERSOS


La poeta ha logrado plasmar en versos de exquisita factura, sin excentricidades, con un léxico preciso y hasta con cierto laconismo pero con una fuerza poética insoslayable, su pensamiento y su sentir acerca de todo aquello que conforma la materia de los problemas fundamentales del hombre: el amor, el destino, la muerte. En la obra de Tania Alegria encontramos el goce del verso y la armonía de una obra poética construida con talento y belleza. La poesía de una dama.

Rafaela Pinto, poeta y escritora (Argentina)




LEGADO

Cuando me vaya
en un rincón del sótano
hallarán un arcón viejo de roble
con el modesto saldo de mis bienes:
mi legado de trastos
exento de tributos.

Nunca guardé por más de una semana
cartas de amor,
tarjetas con ausencias,
números de teléfono,
fotografías.
No encontrarán ninguna flor ajada
en las vetustas páginas de un libro
ni servilletas sucias con poemas.

En el baúl de avíos ya sin uso
hay un par de zapatos de charol
que llevaban mis pies para encontrarte
(nadie se enterará de que eran alas);
algunas joyas falsas, relucientes,
como mis ojos cuando te veía;
ropas fuera de moda
en donde no verán
–porque no son visibles los recuerdos–
la impronta de tu abrazo en mis vestidos.


SIEMPRE QUE MUERO

Siempre que muero, muero de naufragio:
una ilusión mayor, más atrevida,
buceo hondo y róbame la brida
la muerte sin presagio.

Se me veda el derecho de sufragio.
Me encuentra por usual desatendida
cuando viene, avarienta y travestida,
la suerte por su agio.

Por lapso o negligencia
me ahogo ingenua y dócil, con confianza.
Usualmente perezco de inocencia.

Sucumbo de añoranza,
de ingratitud, de olvido, de inclemencia.
Hay veces en que muero por venganza.


DE ENCRUCIJADA

Estoy como quien va, mochila a cuestas,
como quien viene mas no llega nunca,
viajera de pretéritos instantes,
estoy de paso,
estoy de encrucijada.

Dejo vestigios, ecos de penurias,
mi sangre aún escurre por la acera
y en cada esquina, bajo la farola,
hay charquitos de llanto malsufrido
que olvidé de beber antes de irme.

Tal vez me encuentres –si me buscas mucho–
en algún puerto, un bar de mala muerte,
donde apuesto en los naipes que te olvido
y siempre pierdo.


YO TE DIRÉ EN VERSOS

Yo te diré en versos pues consta que la prosa
requiere todavías ajenos a los cómputos
de las ramas que el viento deshojó.

Yo te diré en versos que ya fuimos dioses.

Llevábamos miradas luminosas
y las manos abiertas como cálices
donde cabía el vino de otros vasos,
nuestras palabras cómplices y alegres
recorrían a tientas los senderos
buscando madreselvas redentoras
por rescatar los muros
de su desamparada soledad.

Yo te diré en versos que fuimos Nosotros.

Mas un día partiste hacia un ocaso
donde se inauguraban los pretéritos.
Debí ordenar al clan de mis fantasmas
que mantuviese abiertos los caminos
porque se me adentrase por los párpados
ese polvo asesino de distancias
que se eleva del suelo
cuando tu voz galopa los crepúsculos.


VENGO A MATARTE

Vengo a matarte.
Tardé en decidirme los dos siglos
que pasé recitando un soliloquio
ante el espejo.

Tengo sienes de cal de tanto odiarte.

Se me escurrió la piel sin credo que la asiese.

Descarnada por dentro, abyecta, despojada,
la lengua en hiel diluida, disuelta en improperios,
con la boca repleta de blasfemias,
vengo a matarte
aferrando con mano de homicida,
este puñal de versos.

(De InVerso, RiE - Redactors i Editors, S.L., Valencia, España, 2008)

viernes 6 de febrero de 2009

MEMORIAL DE EXORCISMOS

Tania Alegria conoce el lugar preciso de los versos, de ahí la celebrada sonoridad de los mismos. Igualmente conoce, palmo a palmo, los lugares del amor y de las esperas, esperas que se vuelven palomas hieráticas a la intemperie; ella se deja llevar por ese círculo vicioso y travieso de las palabras a través de las cuales su inspiración, su lenguaje, elevan a la máxima expresión artística su voz imperiosa y llena de sorpresas. Y todo es fina trama. Y todo es pasión. Y todo es hundimiento. Y todo es Verbo o versos que deslumbran y relampaguean.

Delfina Acosta, poeta y escritora (Paraguay)



EVANGELIO DE EXORCISMOS

Vienes con el carisma, el verbo, el signo
y el gesto amable de amputar las sombras.
Impenitente emerges de otro abismo,
desde un lugar sin nombre en mis historias.

Te esperaba en el pórtico de gritos
en donde desordeno las demoras
cifrando un evangelio de exorcismos
en mi ritual secreto de ser sola.

Vienes como quien no, como quien pasa
y al azar se detiene y al acaso
se ve y se reconoce en mis espejos.

Desde hace siglos tramo una enramada
para enredar tus horas en mis manos
y enmarañar tu voz en mis silencios.


ESPERANDO EL AMOR AUNQUE NO EXISTA

Me voy hacia el paisaje de las yermas
llanuras en el mapa de mi pecho,
donde hay un patio con aroma a espliegos
y silencios se yerguen como almenas.

Allí moran mis ángeles de niebla,
los diablos que discurren mis desiertos
y, oculta en el envés de los espejos,
una niña que habla con las fieras.

Estaré revestida de invisible,
sin forma o gravedad, como una nube,
utópica, cual eje de una abscisa,

entrenzando hipotéticas urdimbres
con este odio fiel y esta costumbre
de esperar el amor aunque no exista.


MEMORIAL DE LA ESPERA

Llegó la lluvia con su faz de agua
y repiqueteando en los cristales
en mis ventanas escribió tus signos.

Y vino un frío arduo por las rutas
donde suelen andar los desamores,
se metió por el bies de los portales
y me dijo tu nombre por enigmas.

Me apresuré en adornar la vida
con las cosas que lucen las esperas:
llené jarras con versos e impudores
y del techo colgué claros de luna.

Para que no te aflijas por mis duelos
guardé mis muertos en sus quietas lápidas
y porque no te apenen mis pesares
en el patio enterré los infortunios.

Para tu boca de promesa y beso
mi boca promesante, envenenada,
compuso en el tropel de las demoras
un memorial de abismos y poemas.


SUR

Tengo un arcón lleno de Sur en el desván
y un mensaje cifrado para abrir la tapa.
Se debe decir tajo sin mencionar la anchura de la herida,
se debe decir tren sin referir andenes
y otros vocablos, como pan y madre,
palabras con la fuerza de la proa de un barco
que rompan olas en el mar abierto.

Hay que decir exilio.

Tengo restos de Sur, como migajas,
en el plato de peltre de la infancia.
Hay demasiado verde en la memoria,
afectos de rodillas en las torvas cavernas de los años,
verdades como puños que mutilan
cada proposición del silogismo
en que se ampara mi armazón de carne.

Alboroza un escándalo de trópicos
la sospechosa paz de mis suburbios
y por eso los perros del olvido rastrean las orillas
husmeando en los trillos mar adentro la sangre en mis pisadas
siempre que parto con mi exilio a cuestas.





NO PASA NADA

La luz chispea sobre el muro blanco donde se desperezan los rosales.
El aire es poco más que una intuición que resbala en la piel y huele a pinos.
La mañana está en paz. No pasa nada.

Y sin embargo, tú, tan desvalida, tan pálida, tan sucia de tormentas,
como si un vendaval hubiese, fiero, demolido la almena de tu patio.
Hongos húmedos cuelgan de tu pelo, en tus manos se enredan hojas tristes;
humo en los ojos, musgo entre los dientes, y pecho adentro aúlla una jauría
husmeando los puntos cardinales por oler las cosechas incendiadas.
Tienes carbón debajo de las uñas, tal fue tu saña al escarbar la noche.
Traes manchas de liquen en la espalda por haberte acostado en tantas tumbas.

Cálmate, tú. No hay más que olor a pinos,
alborada serena, brisa suave, alondras despertando en los ramajes.

No hay huracanes destrozando bosques.
No hay incendio en la mies de tus exilios.
La mañana está en paz consigo misma.
Cálmate tú, Marién. No pasa nada.


UN PUÑADO DE ARCILLA

A veces te despiertas y es como si murieses
de espanto y de extrañeza
al vislumbrar el día, discernir sus escollos,
evaluar cuántos pasos te alejan de la noche.
Árido suelo espera la impronta de tu mano
y no hay más que un puñado de arcilla para erguir
la colosal muralla que guarda tus silencios.

Tan sola que tu sombra
no cruzará contigo el gres de los umbrales,
tan muda que las voces
no encontrarán el rumbo que lleva hacia tu oído,
construirás, obstinada, las cercas de tu patio.
Y nada llegará incólume al crepúsculo.

Vendrá la luna clara a alumbrar los despojos
mientras de tu mirada los pájaros emigran.
Mañana volverás, sin otros argumentos
más que tu mano obrera y un puñado de arcilla,
a construir los muros que encierran tus silencios.

(De Memorial de Exorcismos, Colección Biblioteca Digital Siglo XXI, impreso en Bubok, Madrid, España, 2009)


martes 1 de julio de 2008

DENSOS NAUFRAGIOS Y OTROS EXTRAVÍOS

Fotografía de Toni Frissel

MUELLE DEL PUERTO

Mira, nuestra ensenada ahora está desierta.
Ya no estamos. Estoy. Mitad insuficiente.
Esta tarde no vemos en el iris del otro
los destellos del sol que la marea verde
hurtaba al horizonte y, en gesto de limosna,
esparcía en las piedras cenicientas del muelle.

Al reborde del dique asomábamos juntos,
escudriñando el agua por saber cuán solemnes
eran nuestras imágenes en el cristal manchado
del río que anidaba la forastera suerte.

Puerto de la aventura desde donde partían,
preñadas de futuro, de oro negro y fiebre,
las naves que cargaban nuestro hambre de mundo
y que en aliados sueños hacíamos que fuesen
-brazos de acero y plomo navegando el océano-
rumbo a las cuatro esquinas de los mares agrestes.

Todo era nuestro. Todo. Bienes y posesiones:
los puntos cardinales del este al occidente,
el espejo del mar, la infinitud del cielo,
del universo el diámetro y de la tierra el eje.

Mira, nuestra ensenada ahora está desierta.
Sólo se escuchan pasos, los míos, en el muelle.
Ya surgen las estrellas, una a una se exhiben,
nadando en el azul, alegres como peces.

Contemplo rompeolas hechos con mis pedazos
que avanzan hacia ti y en tu ausencia se pierden.
El silencio bucea en la oquedad del grito.
En soledad desnuda miro al entorno; adrede
callejeo las piedras pisando sueños náufragos
con estas suelas rotas que me dejó tu muerte.


Amedeo Modigliani

VIRTUANDO ESTIGMAS

Hay algo de siniestro en esta noche,
una amenaza densa, un ultimátum.

Mi pecho es un suburbio
lleno de calles torvas
y esquinas donde el viento esgrime espadas.

Pegada a las paredes busco umbrales
por clausurar vocablos.
Los fonemas del odio
me decepan los dedos,
latiguean mi piel las bofetadas.

De pronto se hace urgente que amanezca.
La boca necesita voz de alondra.

Mis ojos horadados
tienen miedo a perderse
en la ruta de vuelta hacia mi casa.

Amedeo Modigliani

RITUAL DE OLVIDO

Ritual de olvido oficio, reverente,
en la solemnidad del pensamiento,
sin chispa de piedad, sin sentimiento,
te sacrifico, audaz y consecuente.

Te mato día a día, lentamente,
en un ceremonial sagrado, incruento,
amortajando en sábanas de viento
tu recuerdo nostálgico y doliente.

De la mano del tiempo oculto, umbrío,
inexorable y fiel gira la noria
de un proceso letal sin extravío:

la puñalada a secas, golpe frío,
la palada de tierra en la memoria,
y te mueres. Te mueres. Y me río.

Amedeo Modigliani


HEME AQUÍ DESPOJADA

Heme aquí despojada.
Vengo de la espesura de la selva,
enredada en las lianas del espanto;
traigo esperanzas rotas
por sucesivas fieras
y en el bies de mis labios
pretéritas manzanas
ya sin veneno.

Aquí me tienes sierva. Aquí te sabes dueño.
Hallarás en mi piel centímetros que aún
son vírgenes de estigmas,
pedazos donde quepa todavía
la marca de tus dientes,
espacios a medida de las úlceras
que rasgarán tus garras
en mi afecto desnudo.

Amedeo Modigliani

ESTE NOVIEMBRE

Este noviembre arrastra en su memoria
ese amor sin después y sin sentido
que se suicida sin haber vivido
y no tiene futuro ni prehistoria.

Como el destino dócil de la noria
cumpliendo inapelable cometido
fue girando el amor hacia el olvido
sin rastro de amargura ni de gloria.

Podría ser amor capaz de hoguera,
de encender los luceros e, inclusive,
de hacer reverdecer la primavera.

Sin embargo, se amustia sin desvelo,
ni acaba de morir ni sobrevive
y noviembre le arrastra por el suelo.

Amedeo Modigliani

LLUVIA

Esta tarde la lluvia se suicida,
se tira a la vidriera en repetidos golpes.
Hay sonido de gotas gimiendo en los cristales
y un murmullo de duelo que te nombra y te nombra.
El fin del día estrecha mi alma y mi ventana.

Callada como un muerto, triste como un invierno,
miro las sombras sucias del polvo de memorias
que se acomodan tristes en esas viejas sillas
como si regresaran de una tierra lejana
para quedarse de por siempre.

Sin los acostumbrados arreboles
las sombras residiendo en mi crepúsculo
se instalan entre el piso y el cielo raso
mientras la lluvia se suicida en los cristales,
martillando tu nombre, despiadada.

Amedeo Modigliani

HABITO LÁPIDAS

Mis armarios, mis tumbas, mis suburbios,
ciudad de piedra y cal y enredaderas
donde la noche aúlla en los tejados.

Del musgo antiguo al que habitué mis sienes
la soledad rescata un son de lluvia
a los golpes letales del silencio.

Al margen de tu nombre me reclino,
los párpados mojados de pensarte,
la piel picoteada por un buitre.

Si se habla de morar habito lápidas.

MUJER EN EL ESPEJO














Fotografía de Beatriz Morán
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HELECHOS EN LOS TIEMPOS

Intento en esta noche concebir
un poema que flote.

En vano busco
algo impalpable o por lo menos líquido,
que aletee o se escurra entre los dedos.

Soy tan hecha de piernas y de brazos,
tantas pestañas, tanta idea fija,
y, además, los espejos asonantan
con aroma de flor de limonero.

¿Cómo construir con la palabra etérea
-aunque usualmente insana-
un verso que no incluya
tus dedos, mis cabellos, nuestros cuerpos?

Soy helechos en los tiempos.


DIGAMOS

Digamos que me harté de ir por la acera
a tientas, tropezando en las aristas
de cada piedra infame, cada vera
de todas las ingentes autopistas,
que llevan de la carne a la quimera.
Desisto aquí y ahora de imprevistas
excursiones del ego a donde fuere.
Me siento en el columpio en un baldío
por ver cómo se muere
quien se muere de hastío.

Digamos que se llama indiferencia
el alba que no nace si te nombro,
esa súbita idea de tu ausencia,
mezcla de lucidez, y paz, y asombro.
Acaso se asemeja a la inocencia
ese jazmín brotando en el escombro.
No sé qué nombre darle o que apellido.
Ni eso importa ahora.
Tal vez se llame olvido.


















Pablo Picasso


ÁNGELUS

Son las seis de la tarde.
Una mudez de lápida
se tumba con fragor sobre mis versos
mientras a flor de piel, lumbre y almizcle,
se inauguran pecados
anticipadamente redimidos.

Del claustro de mi boca
huyeron los fonemas que me pertenecían:
quedé sin los rosarios
que acostumbraba asir para rezarme.

Abrazada a mis ecos primordiales
quiero decir la música
del primer llanto de un recién nacido,
el trueno que alucine
el habla de los pájaros,
y un gemido de amante
que sature la voz enorme del silencio.

A las seis de la tarde
en el umbral de todas las mordazas
sólo resuena un Ángelus cantado por demonios.


ME HACE FALTA UN DEMONIO

Me hace falta un demonio
a quien echar las culpas
por las paredes sucias de pretextos.

Al menos un demonio
que se acomode en mi desván mental
por expulsar del verso la metáfora,
dar un tono travieso a la ternura
y un son de sacrilegio a las pasiones.

Un demonio servil
para pintar de rojo los exangües labios
de las múltiples caras que suele presentarnos la verdad;
y que barra del suelo las esquirlas
en que piso descalza
mientras discurro el caos de las horas.






















Pablo Picasso


DIGO ME DUELE

Digo me duele del dolor y digo
que persigo los sueños que persigo
con el verbo, la voz y la balada
al filo de la espada.

Y sueño a veces, renegando el sueño,
que es leño de nogal y como leño
tanto sirve de cruz como desgarra
un alma de guitarra.

En paz me quiero y que descanse en paz
la faz callada lejos de tu faz.
En solemne liturgia reverencio
el grito del silencio.






















Pablo Picasso


EXPULSO LA METÁFORA

Expulso la metáfora y sus ritos
y llamaré las cosas por sus nombres;
proscritos la poética y los mitos,
hablaré el lenguaje de los hombres.

Lo que corre en mis venas no es un río:
se dice sangre. El cuerpo a nada imita.
La mente no es naufragio ni navío.
Músculo el corazón, bate y palpita.

No hay la mano del hado en la cumplida
secuencia de accidentes de la suerte:
a esto que me duele llamo vida.
Algún día su nombre será muerte.

Sólo una alegoría aún consagro:
yo digo, del amor, que es un milagro.





















Pablo Picasso


ESTE DOMINGO

Este domingo sabe a muerte antigua.
La tarde se ha perdido en un atajo,
en la oquedad una memoria ambigua
vacila en ademanes de espantajo.

La voz del viento suena a perro herido
y duele como zarpas en la escara,
me apuñala en el pecho algún gemido
¡si al menos ese viento se callara!

Este domingo huele a brujería.
En mi desván mental mora un demonio
con síndrome servil de idolatría,
que se alimenta de oración y amonio.

Voy de puntillas recorriendo azares
masticando pedazos de venganza,
mientras tanto esta sed que pide mares
se ahoga en unos tragos de esperanza.


AL PIE DEL CALENDARIO

Miro hacia atrás y veo ese largo trayecto
que he recorrido a tientas y pienso que no es justo
que haya sido tan larga la suma de mis pasos
y tan espeso el polvo de las encrucijadas.

De mi mochila rota gotearon las horas
y se volvió ligera mi carga de utopías,
perdidas las certezas, extraviados los credos,
giro el rostro y contemplo mis inútiles huellas.

Me observan los que cruzan conmigo en esta ruta,
sorprendidos del mísero cariz de mis andrajos;
en mis cabellos traigo serpientes enlazadas
y garras de alimaña rematando los dedos.

Nadie busca mis ojos donde los miedos moran
ni se acerca a mi hombro que no ofrece refugio;
saben que no me resta sino el leño que arrastro
y el puñal escondido en el bies de mis senos.

Se cierra aquí el camino por donde acaba el viaje.
Me siento en esta piedra al pie del calendario,
el alma a ras del suelo, aguardando la cita
que he convenido un día, con un viejo demonio.






















Pablo Picasso


PECHO ADENTRO

A veces amanezco y en mí todo es mortaja.
Me asomo al ventanal de los relojes,
de bruces sobre el tiempo,
la lucha cotidiana comiéndose mis bordes,
la sangre clausurada, sin resollar esquirlas.

Por mis venas navegan piratas penitentes.

Con las manos mojadas de pensarme
imito la quietud de los espantapájaros,
y en memoria de un voto de existencia
contrabandeo sístoles en viajes pecho adentro.
























Pablo Picasso


ANDÉN

Hay que medir los suspiros.
Hay que prever los lamentos.
Al fin y al cabo la vida
es un andén de andariegos
donde aguardamos milagros
que llegan fuera de tiempo.

Mientras espera el horario
del amor con sus misterios
una lustra los carriles
con retazos de argumentos
por dar brillo a la esperanza
que viaja en vagón abierto.

Pero el tren de los milagros
puede cambiar de trayecto
y cuando menos espera
una se encuentra tejiendo
raíles de telaraña
y el andén sigue desierto.






















Pablo Picasso


ESTOY AQUÍ

Estoy aquí. La mano destrabada,
los ojos desvestidos de pudores,
en la garganta voz de ruiseñores
y en el ojal del pecho una enramada.

Mis brazos tienen forma de ensenada,
los puertos en mi piel acogedores
de la nao crucial de los amores
y naufragados pecios en la riada.

Estoy aquí con todo lo que importe,
las venas disponibles para el corte
de los cuchillos que el amor agita.

Traigo la boca en modo de respuesta,
en la mirada una canción de gesta.
Estoy. Como quien muere y resucita.






















Pablo Picasso


YO ME CONTENTO CON POCO

Yo me contento con poco:
que la noche sea densa
que sea densa la noche
con aroma a madreselva;
que antes de la mañana
por poco que sea llueva
que llueva aunque sea poco
para que la luna beba
el agua que resplandece
en los huecos de la acera
y la acera con sus huecos
se vuelva un palco de estrellas;
que el día despierte fresco
vistiendo una ropa nueva
la nueva ropa vestida
por la mañana que llega;
que un viento de remolino
en tu camisa se meta
y metida en tu camisa
sea yo la que te besa.
yo me contento con poco:
que el día deje una estela
y que en la estela del día
la noche, obediente, vuelva.






















Pablo Picasso

APRENDÍ EL SILENCIO A SOLAS

Alborozados, me llevaron de la mano
para aprender palabras.
La tinta negra rociando el pronombre,
en la yerma planicie de la página
como un desierto íntimo y secreto
donde yo, siendo nube, llovería.

Todas las voces me dijeron: habla.
Ése es un río. Esto es un puente.
Aquello, más allá, el otro margen.
A la puesta del sol se llama ocaso.
Las cosas dichas de otro modo
son metáforas.

Nadie jamás me ha dicho que callase.
El verbo -se supone-
es una apoteosis del encuentro.
Por tanto, en la infinita y transversal
ruta de desencuentros del vocablo
a solas aprendí
el arte del silencio.























Pablo Picasso


HORIZONTES

Espérame en el muelle de un puerto milenario
pues traigo en el regazo dos siglos de sofismas
que recorrí a tientas, remando un ideario
con palas de aforismas.

Cargada de horizontes se volvió mi fortuna
y algún designio injusto trastocó mis empeños
sin embargo estaré, a la hora oportuna,
donde nacen los sueños.

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DESGRACIAS DULCES Y DEMÁS MELANCOLÍAS

EL DUENDE

El umbral fue testigo
de su partida mansa y sin quejumbres.
Se fue porque, agotadas las quimeras,
ya no sobraba mano
que socorriese el verbo escurridizo.

Persistió la leyenda de su nombre.

Y se quedó su duende,
colgado del dintel de las palabras
esperando la espalda de un poeta
íntimo de arrabales y horizontes
para montarse
en el lomo de versos no nacidos.


FLECHA

¿Dónde estará el azul de las glicinas
que descansaba en los racimos mansos
cuando la sombra de tus ojos negros
ensombrecía el césped
y revoloteaba en el crepúsculo?

¿Dónde el umbral de todos los espejos
que esperaban de ti un paso en frente
aquél que resbalase en la tersura
de cada piedra exangüe
que el silencio plantaba en tu trayecto?

En essa guerra que en tu pecho habita
¿dónde clavó la flecha el enemigo?


ORILLAS

Pasas sobre las piedras, resbalando,
pasan tus aguas mas no huye el río,
por eso, enamorada, me atavío
para escucharte en mis juncales cuando
tu peregrina voz viaja, cantando.
Orilla de tu son, rociada, inerte,
vuelvo más hondo el cauce de quererte,
finjo que aún estás, que todavía
inundas con salvaje melodía
mi margen que no pudo retenerte.


TROPISMOS

Tanto crepúsculo entristece el alma.
Ocaso en que te busco y no respondes.
El destello se apaga si te nombro.
La noche avanza, lenta, sobre el mundo.

Último sol, oblicuo, en el espejo,
vestigios de tu sombra en las paredes,
huellas de tus pisadas en la alfombra,
la estela de tu nombre en mis ternuras.

No ser sino el instante en que me amabas.
Memorias sin la tregua del desuso.
Un asombro que hilvana las verdades,
y este quererte aún no rescatado.

Credo que tu recuerdo en mí destruye
y ni siquiera sé si resucita.
Condena de mirar propias manos:
ésas, que no lograron retenerte.

Una puede enfermarse de tristeza.
Una puede morirse de crepúsculo.


DESGRACIAS DULCES

Por las noches visitas mis pudores,
atrapando el revés del pensamiento.
El alba nos sorprende y te disipas
colgado de una noche sin espejos.
Despierta, busco el sitio en que me dueles
y encuentro ese cuchillo aquí en mi pecho.

Arrastro por el páramo de horas
el rostro cotidiano que baldeo
con el agua salada de mis ojos
hacia la oscuridad en que te encuentro,
donde se esconden las desgracias dulces
y se anidan harapos de consuelo.


SAVIA

De tu voz a mis venas,
transitando proclamas,
la savia se desliza.
Como un antiguo e íntimo secreto
sostiene y alimenta
mi cuerpo y mis raíces
hundidas en la tierra de quererte.

Savia que nutre
los brazos de mi ofrenda:
follaje, fruto, flor, nido de ave.
Entre el cielo y la tierra
engalanadas ramas
inauguran abrazos.

Sangrada de tus versos
la savia de mis venas.


ÁNGEL

Eres un ángel que arrastró sus alas.
Eres un ángel que inventó un vuelo.
Y desde la inocencia hasta la calle,
desde la jaula al vil desaguadero,
como una alondra procuraste el árbol
y con ala de halcón rasgaste el cielo.
Te despeñaste, herido, por las rampas.
Lograste cada vez volar de nuevo.

Sin saber por qué clase de pecados
era supuesto haber remordimientos,
te desangraste en naipes y batallas
y renaciste urdido en barro y sueño.
Tu voz se escucha en todas las esquinas,
buscas un sol que esté pegado al suelo,
una nube que pises cuando amas,
una justicia que rescate el tiempo.

Eres un ángel que se mira y ve
en el cristal su fúlgido reflejo,
desde adentro de un hombre que rasgó
de abajo a arriba –y en canal- su pecho
y que estiró los bordes de la herida
porque pudieses verte en el espejo.
Y ves un ángel que arrastró sus alas.
Y ves un ángel que inventó un vuelo.


EL MINOTAURO

- ¿Lo creerás, Ariadna? - dijo Teseo. - El minotauro apenas se defendió.
(La casa de Astérion, Jorge Luis Borges)


Encadenado al yugo de tu mito,
no hay arena que escarbes con tus cascos
no hay la espada, ni el trapo, ni el estoque,
nadie te aplaude o clama por tu muerte.
Pulsan tu sangre y tu bravura estéril:
no hay faena ni gloria para el toro.

Sudor de bestia, sal de sangre y lágrimas
se mezclan en tu pecho y se deslizan
hacia tus ingles, mástil tenso, erecto,
tu humanidad, tu semen, tu destino.
En los oscuros cauces de las venas
no hay pasión ni ternura para el hombre.

Mas la voz de mis poros te reclama,
tu hocico husmea el aire y reconoce
el olor y el llamado de mis jugos.
Pasillos de misterios agridulces
donde se enredan sueños y lujuria
te invitan a embestir y a recorrerme.

Ven, ¡toro!
Mi nombre es Laberinto.


QUE TE AMO NO TE DIGO

Comparto viejas historias,
cuento al revés mis memorias
y los sueños que persigo;
no escondo mis vanidades
relato hondas verdades.
(Que te amo no te digo).

Quemo tu boca con besos
lamo carne, muerdo huesos,
me bebo agua en tu ombligo;
soy niña y bruja en tu cama,
por ti revuelco en la lama.
(Que te amo no te digo)

En el rastro de tus huellas
pinto un camino de estrellas
me subo al cielo contigo.
Y al infierno de quererte
me tiro y me juego en suerte.
(Que te amo no te digo)


TIEMPO DE CAZA

Déjame que te quiera
porque es tiempo de caza,
la diana de mi pecho
atravesada en el camino de tu canto
prepara ya la herida que teñirá de sangre
el alba de tus versos.

Déjame que te hable en esta aurora
en cuanto son posibles
el silencio y el grito,
pues no sabemos si será la última
y no sabemos cuándo
la cuerda tensa
del arco de la vida
disparará el dardo
enderezado a mi garganta.


ABRIL

Vendrás. Porque es Abril y porque es jueves.
Mi sol cautivo estrenará amnistías;
trazará en mi cuerpo celosías
tu tempranera luz con toques leves.

Por suavizar del tiempo los relieves
de contrabando traerás los días
que la espera colmó de alegorías
y de tu mano irán donde los lleves.

Con el ágil pincel de tu mirada,
diseñarás el valle y las colinas
y el río pintarás en tono añil.

Habrá una primavera en la enramada,
será jueves en todas mis esquinas
y dentro de tu abrazo seré Abril.


CALLES DE ALFAMA

Son calles de adoquines, son moriscas,
con farolas de ojos amarillos,
y geranios modestos asomados
a los balcones.

Son calles donde un día tus zapatos
sonaron en las piedras de la acera
y tu mirada ensombreció los muros
con su misterio.

Son calles que mis suelas peregrinan
mientras tu voz vuelve a rasgar mi pecho
cuando un fado que huyó de una guitarra
llora en Alfama.


POEMA DE AMOR

Hace algún tiempo, no recuerdo cuándo,
en el poniente se ahondaba el día;
no es que la tarde fuera declinando
sino que en nuestro amor atardecía.

No es que hubiese un crepúsculo jugando
a deshoras con nuestra fantasía,
sino que el sol de amar era muy blando
y nuestro amor ya no resplandecía.

Habrán sido los años, la costumbre,
la rutina apagando las centellas,
volviendo la pasión en certidumbre.

Nos cogimos la mano, sin reproche,
a la sombra amoldamos nuestras huellas
y, juntos, ingresamos en la noche.


A VECES LA DISTANCIA

A veces la distancia se mide en consecuencias:
instantes que se rompen, el tiempo hecho retazos,
centímetros de piel sin dobles coincidencias,
cuchillos de la ausencia tendidos como brazos.

A veces la distancia se viste de ocasiones:
asoma la esperanza con soslayar esquivo,
que se busca atrapar inventando intenciones
en el tiempo pretérito del modo subjuntivo.

A veces la nostalgia se extiende sin medidas
mientras los ojos ciegan, rechazan el espanto,
y en el alma se rasgan y ulceran las heridas.

Entonces engendramos con símbolos dispersos
poemas ahogados en ciénagas de llanto
y a veces la distancia también se mide en versos.


PARA SENTIRTE CERCA ATRAPO ESTRELLAS

Para sentirte cerca atrapo estrellas,
ordeno su fulgor y alineamiento,
les formo en bisectriz, trazo con ellas
la Cruz del Sur al norte de tu aliento.

Por acercarme a ti diseño huellas
en la arena sin playa que me invento,
me alumbro con fulgores que destellas,
oigo tu cántico en la voz del viento.

Es menester que el sol nazca en mi ojal
conforme al huso horario de tu aurora,
no sean nuestras noches desparejas,

porque un duende colgado del brocal
me avisa cuando estás aquí y ahora
y me despierta siempre que te alejas.


LETRAS DESNUDAS

Lamiendo líneas, masticando letras,
buscando desnudarte entre parágrafos,
con avidez despojo de señales
tu cuerpo en esa página acostado.
Leo tus ojos en renglones, signos,
y en cerrados paréntesis tus manos.
Ilusionada acecho entre las comas
la fuerza y la ternura de tus brazos.

Te busco entre vocablos, impaciente,
tragando ideas, desbordando espacios,
Quiero hallarte tangible entre los verbos,
y te encuentro en ausencias redactado.
Palabra tras palabra, frase a frase,
voy por tu piel escrita, palmo a palmo,
lamiendo líneas, masticando letras
y bebiendo la savia de tus labios.


EL NOGAL

Estará siempre ahí. Nogal de vida,
con la savia sangrienta de sus venas.

Será otoño y caerán sus hojas,
se esparcirán sus frutos por la tierra;
en el invierno sostendrá el cielo
con sus brazos desnudos como almenas;
su tronco que los años han grietado
en júbilo asirá la primavera
y se embellecerán sus ramas fuertes
para albergar alondras y arañeras;
en el verano acostará su sombra,
ofreciendo su flor a las abejas,
y engalanando el patio de mi casa
con el verde insensato de su fiesta.

Sereno y fiel como un viejo pecado
estará siempre ahí. Cuando la pena
llegue como acostumbra, de puntillas,
y se asome al umbral de mis condenas,
siempre podré abrazarlo y, sigilosa,
decir tu nombre, así como quien reza,
como quien se confiesa y se arrepiente,
con mis labios pegados a sus grietas.