Foto de Beatriz MoránSUR
Tengo un arcón lleno de Sur en el desván
y un mensaje cifrado para abrir la tapa.
Se debe decir tajo sin mencionar la anchura de la herida,
se debe decir tren sin referir andenes,
y otros vocablos, como pan y madre,
palabras con la fuerza de la proa de un barco
rompiendo olas en el mar abierto.
Hay que decir exilio.
Tengo restos de Sur, como migajas,
en el plato de peltre de la infancia.
Hay demasiado verde en la memoria,
afectos de rodillas en las torvas cavernas de los años,
verdades como puños que mutilan cada proposición del silogismo
en que se ampara mi armazón de carne.
Alboroza un escándalo de trópicos la sospechosa paz de mis suburbios
y por eso los perros del olvido rastrean las orillas
husmeando en los trillos mar adentro
la sangre en mis pisadas
siempre que parto con mi exilio a cuestas.
HASTA LA RISA DUELE
Una tristeza con rostro de niebla
inaugura intemperies en mis horas,
se me late en las venas, subterránea,
bombeando la sístole del tiempo
para empujar el curso de los días.
No sé cuándo llegó, ni cómo, ni de dónde,
si alguien la trajo de la mano hasta mis bordes,
la arrastraron los años uncidos a sus yugos,
o vino por sus pies, artera y codiciosa,
arrebatada por la hiel de mis estigmas.
Lo cierto es que preside la faz de los relojes
y agarrota la soga en torno de mi cuello
con sus ojos de abismo,
con sus manos de alambre.
Bajo su mando hasta la risa duele.
SUMO Y SIGO
Puedo soportar todo. Nada es insoportable:
lo que me dilacera, lo que me hace pedazos,
el tajo de la daga, la cal de los abrazos,
el beso envenenado, el golpe insoslayable.
Soy hecha de coraje con casco reciclable.
La carne abierta en trizas, destrozada a zarpazos,
me recojo del suelo y apaño mis retazos,
esos trozos de mí. Y nada es insalvable.
Es todo lo que tengo: la garra que rebrota,
que me hace restaurar las ruinas del flagelo
y continuar entera y estar en paz conmigo.
La clave es el silencio que al espanto agarrota.
No me concedo el grito. No me permito el duelo.
Puedo soportar todo. Resisto. Y sumo y sigo.
HORIZONTES
Espérame en el muelle de un puerto milenario
pues traigo en el regazo dos siglos de sofismas
que recorrí a tientas, remando un ideario
con palas de aforismas.
Cargada de horizontes se volvió mi fortuna
y algún designio injusto trastocó mis empeños
sin embargo estaré, a la hora oportuna,
donde nacen los sueños.
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HELECHOS EN LOS TIEMPOS
y eres helechos en los tiempos
o notas en las veredas
Leo ZambranoIntento en esta noche concebir
un poema que flote.
En vano busco
algo impalpable o por lo menos líquido,
que aletee o se escurra entre los dedos.
Soy tan hecha de piernas y de brazos,
tantas pestañas, tanta idea fija,
y, además, los espejos asonantan
con aroma de flor de limonero.
¿Cómo construir con la palabra etérea
-aunque usualmente insana-
un verso que no incluya
tus dedos, mis cabellos, nuestros cuerpos?
Soy helechos en los tiempos.
EL PESO IMPONDERABLE DE AQUELLO QUE UNO CALLA
Es así un tumor, un hijo, un nudo,
en la matriz secreta de la mente
y no explota, no nace, no desata.
Es así una piedra en el camino
en la cual tropezamos cada día
y no aprendemos nunca sus aristas.
Es así un pedazo de lo obscuro,
un retazo de tela mal rasgada
que no botamos porque es nuestra piel.
Dicen que en el principio era el Verbo.
Yo no lo sé. Tal vez fuese en el fin.
DIGAMOS
Digamos que me harté de ir por la acera
a tientas, tropezando en las aristas
de cada piedra infame, cada vera
de todas las ingentes autopistas,
que llevan de la carne a la quimera.
Desisto aquí y ahora de imprevistas
excursiones del ego a donde fuere.
Me siento en el columpio en un baldío
por ver cómo se muere
quien se muere de hastío.
Digamos que se llama indiferencia
el alba que no nace si te nombro,
esa súbita idea de tu ausencia,
mezcla de lucidez, y paz, y asombro.
Acaso se asemeja a la inocencia
ese jazmín brotando en el escombro.
No sé qué nombre darle o que apellido.
Ni importa ya. Tal vez se llame olvido.

ÁNGELUS
Son las seis de la tarde.
Una mudez de lápida
se tumba con fragor sobre mis versos
mientras a flor de piel, lumbre y almizcle,
se inauguran pecados
anticipadamente redimidos.
Del claustro de mi boca
huyeron los fonemas que me pertenecían:
quedé sin los rosarios
que acostumbraba asir para rezarme.
Abrazada a mis ecos primordiales
quiero decir la música
del primer llanto de un recién nacido,
el trueno que alucine
el habla de los pájaros,
y un gemido de amante
que sature la voz enorme del silencio.
A las seis de la tarde
en el umbral de todas las mordazas
sólo resuena un Ángelus cantado por demonios.
ME HACE FALTA UN DEMONIO
Me hace falta un demonio
a quien echar las culpas
por las paredes sucias de pretextos.
Al menos un demonio
que se acomode en mi desván mental
por expulsar del verso la metáfora,
dar un tono travieso a la ternura
y un son de sacrilegio a las pasiones.
Un demonio servil
para pintar de rojo los exangües labios
de las múltiples caras que suele presentarnos la verdad;
y que barra del suelo las esquirlas
en que piso descalza
mientras discurro el caos de las horas.

PECHO ADENTRO
A veces amanezco y en mí todo es mortaja.
Me asomo al ventanal de los relojes,
de bruces sobre el tiempo,
la lucha cotidiana comiéndose mis bordes,
la sangre clausurada, sin resollar esquirlas.
Por mis venas navegan piratas penitentes.
Con las manos mojadas de pensarme
imito la quietud de los espantapájaros,
y en memoria de un voto de existencia
contrabandeo sístoles en viajes pecho adentro.

EXPULSO LA METÁFORA
Expulso la metáfora y sus ritos
y llamaré las cosas por sus nombres;
proscritos la poética y los mitos,
hablaré el lenguaje de los hombres.
Lo que corre en mis venas no es un río:
se dice sangre. El cuerpo a nada imita.
La mente no es naufragio ni navío.
Músculo el corazón, bate y palpita.
No hay la mano del hado en la cumplida
secuencia de accidentes de la suerte:
a esto que me duele llamo vida.
Algún día su nombre será muerte.
Sólo una alegoría aún consagro:
yo digo, del amor, que es un milagro.

ESTE DOMINGO
Este domingo sabe a muerte antigua.
La tarde se ha perdido en un atajo,
en la oquedad una memoria ambigua
vacila en ademanes de espantajo.
La voz del viento suena a perro herido
y duele como zarpas en la escara,
me apuñala en el pecho algún gemido
¡si al menos ese viento se callara!
Este domingo huele a brujería.
En mi desván mental mora un demonio
con síndrome servil de idolatría,
que se alimenta de oración y amonio.
Voy de puntillas recorriendo azares
masticando pedazos de venganza,
mientras tanto esta sed que pide mares
se ahoga en unos tragos de esperanza.
AL PIE DEL CALENDARIO
Miro hacia atrás y veo ese largo trayecto
que he recorrido a tientas y pienso que no es justo
que haya sido tan larga la suma de mis pasos
y tan espeso el polvo de las encrucijadas.
De mi mochila rota gotearon las horas
y se volvió ligera mi carga de utopías,
perdidas las certezas, extraviados los credos,
giro el rostro y contemplo mis inútiles huellas.
Me observan los que cruzan conmigo en esta ruta,
sorprendidos del mísero cariz de mis andrajos;
en mis cabellos traigo serpientes enlazadas
y garras de alimaña rematando los dedos.
Nadie busca mis ojos donde los miedos moran
ni se acerca a mi hombro que no ofrece refugio;
saben que no me resta sino el leño que arrastro
y el puñal escondido en el bies de mis senos.
Se cierra aquí el camino por donde acaba el viaje.
Me siento en esta piedra al pie del calendario,
el alma a ras del suelo, aguardando la cita
que he convenido un día, con un viejo demonio.

DIGO ME DUELE
Digo me duele del dolor y digo
que persigo los sueños que persigo
con el verbo, la voz y la balada
al filo de la espada.
Y sueño a veces, renegando el sueño,
que es leño de nogal y como leño
tanto sirve de cruz como desgarra
un alma de guitarra.
En paz me quiero y que descanse en paz
la faz callada lejos de tu faz.
En solemne liturgia reverencio
el grito del silencio.

ANDÉN
Hay que medir los suspiros.
Hay que prever los lamentos.
Al fin y al cabo la vida
es un andén de andariegos
donde aguardamos milagros
que llegan fuera de tiempo.
Mientras espera el horario
del amor con sus misterios
una lustra los carriles
con retazos de argumentos
por dar brillo a la esperanza
que viaja en vagón abierto.
Pero el tren de los milagros
puede cambiar de trayecto
y cuando menos espera
una se encuentra tejiendo
raíles de telaraña
y el andén sigue desierto.

ESTOY AQUÍ
Estoy aquí. La mano destrabada,
los ojos desvestidos de pudores,
en la garganta voz de ruiseñores
y en el ojal del pecho una enramada.
Mis brazos tienen forma de ensenada,
los puertos en mi piel acogedores
de la nao crucial de los amores
y naufragados pecios en la riada.
Estoy aquí con todo lo que importe,
las venas disponibles para el corte
de los cuchillos que el amor agita.
Traigo la boca en modo de respuesta,
en la mirada una canción de gesta.
Estoy. Como quien muere y resucita.

YO ME CONTENTO CON POCO
Yo me contento con poco:
que la noche sea densa
que sea densa la noche
con aroma a madreselva;
que antes de la mañana
por poco que sea llueva
que llueva aunque sea poco
para que la luna beba
el agua que resplandece
en los huecos de la acera
y la acera con sus huecos
se vuelva un palco de estrellas;
que el día despierte fresco
vistiendo una ropa nueva
la nueva ropa vestida
por la mañana que llega;
que un viento de remolino
en tu camisa se meta
y metida en tu camisa
sea yo la que te besa.
yo me contento con poco:
que el día deje una estela
y que en la estela del día
la noche, obediente, vuelva.
BALADA PARA NACER DE NUEVO
Nacerás otra vez esta mañana,
como ayer, como siempre.
Quizás estés cansada de nacer
tantas veces, con tanta persistencia.
Por eso se te inundan las aceras
cuando en todos los vasos
el vino de la sangre se desborda.
Hay muchos quehaceres por hacer
en la tarea de nacer de nuevo:
esparcir el incienso y libertar
los emigrantes pájaros del alma,
romper la niebla, navegar espejos,
escalar muros, derrumbar paredes,
pisar firme en el suelo y, con coraje,
mirar tus propias huellas.
No olvides de dejar la lámpara encendida
para que no tropieces
en el camino de nacer mañana.

APRENDÍ EL SILENCIO A SOLAS
Alborozados, me llevaron de la mano
para aprender palabras.
La tinta negra rociando el pronombre,
en la yerma planicie de la página
como un desierto íntimo y secreto
donde yo, siendo nube, llovería.
Todas las voces me dijeron: habla.
Ése es un río. Esto es un puente.
Aquello, más allá, el otro margen.
A la puesta del sol se llama ocaso.
Las cosas dichas de otro modo
son metáforas.
Nadie jamás me ha dicho que callase.
El verbo -se supone-
es una apoteosis del encuentro.
Por tanto, en la infinita y transversal
ruta de desencuentros del vocablo
a solas aprendí
el arte del silencio.
QUE NO TE HECHICEN LAS FLAUTAS
Que no te hechicen las flautas
con que te atrae a la orilla
de su boca, es la mejilla
lo que te puede ofrecer;
En la noche de su pena
ya no hay centella que irradie
pues ella no quiere a nadie,
ya no es capaz de querer.
Desconfía de su toque,
duda de su mano suave,
antes que la rosa clave
en tu futuro un ayer.
Tiene el corazón sellado
pues ella te quiso tanto
que está curada de espanto
ya no es capaz de querer.
Marchito el vientre del alma,
una creencia se ha muerto,
su nave no llega a puerto
y no te puede aprender;
como cierto no imagines
que su herida esté curada:
es débil y está asustada,
ya no es capaz de querer.

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Ilustraciones: obras de Pablo Picasso